Puro amor

Estaba loco, amaba a cualquiera.

Amó a un chico que paseaba a su perro, a una señora mayor que apenas recorría dos calles a la hora, a un chaval con quien no habló más que para darle todo lo que tenía en la cartera.

Les amaba sin quererlo, pero sin evitarlo. Le gustaba todo. Los malos por malos, los buenos por lo obvio, los feos por interesantes, las locas porque se sentía cobijado.

Cada vez que salía a la calle les perseguía a todos, sin excepción. Iba a de uno a otra, alucinado, sin más rumbo que el de la pasión desenfrenada. Le miraban raro, eso le enamoraba más.

Nunca le dañaban porque no perdía por ellos el amor. No le podían dejar porque no les dejaba. Seguía enamorado de todas las personas que se había cruzado en la vida.

Se enamoró de los que conducían la ambulancia que le recogió en la calle, de la policía que le custodió, de los enfermeros que le sedaban en la clínica.

Las drogas le dormían. Soñaba con sus amores. Enfermaba más.

Se despertaba entre dosis y se enamoraba de la médico que le recetaba más pastillas. Se declaró varias veces. Con cada una, más medicación.

Terminó sin saber dónde estaba ni de quiénes eran esas caras a las que tanto deseaba. Igual le daba, las amaba.

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