Vinimos por el peor camino

Seguro que lo recuerdan. Cuando todas las formas empezaron a desaparecer.

Entonces era crispación. La palabra de moda, la más utilizada, la clave de todas las tertulias. Y tenía un nombre que destacaba sobre todos; Jimenez Losantos.

Por aquel entonces se pasó de hacer críticas duras a insultos burdos, gracietas y a llenar la política de apodos hirientes. Bambi, Maricomplejines,…

De ahí la cosa fue subiendo y no precisamente de nivel. Mientras Federico seguía ampliando su diccionario de insultos la sociedad se crispaba cada vez más, polarizándose más visceral que ideológicamente.

De golpe, ya no estábamos en desacuerdo, directamente odiábamos. En los platós se abucheaba al tertuliano de un lado y otro y -dependiendo del programa- hasta se le insultaba desde el público mientras hablaba (créanme).

De las opiniones pasamos a los “zascas”, a la humillación, a los titulares en los que alguien “destrozaba” al otro. Entre medias Twitter, claro.

Con todo revuelto llega el esplendor de los casos de corrupción en España, con escándalos diarios y de ahí pasamos al 15M (¿Alguien lo recuerda?) donde la distancia se abre al máximo, “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”.

Podríamos decir que todos estábamos enfadados con todos. Mucho y de forma muy intensa.

Y llega Podemos. Nos explica que el problema es que en realidad esto es una batalla entre los de arriba y los de abajo. Nos dicen que la derecha es mala, claro, pero que el PSOE también, porque “PSOE y PP, la misma mierda es”.

No era perfecto el PSOE, desde luego, así que un incipiente Pablo Iglesias lo pone en su diana diaria y contra él dispara sus ataques; “No están en los desahucios”, “El PSOE envía a la policía contra la gente de la PAH”, “al que practica la política le tiene que afectar algo”, “Les da igual que haya sanidad mejor o peor”, “El PSOE vive en los Consejos de Administración”, “El PSOE hace recortes porque no les afectan”, “Ya me dirás lo que sufre Rubalcaba”, “No pasa nada por romper una vitrina de un McDonalds”... Seguro que les vienen a la cabeza algunos reproches más.

El PSOE pasó a ser tan malo como el PP, porque todos eran casta frente a “la gente normal”.

De tal forma que ya no sólo estábamos enfrentados los de izquierdas con los de derechas sino que además había que saber quién era de los de arriba para odiarle. Vertical y horizontalmente pasamos a estar todos enfrentados.

Fue hace muy poco cuando llegamos al punto más alto de enfrentamiento, cuando generamos tanto odio, tantos cordones sanitarios, tantos enemigos, tantos fascistas, tantos perroflautas, tantos bolivarianos, batasunos, franquistas, filoetarras,…

Mientras, el Parlamento se fragmentaba con los nuevos partidos, llevándonos irremediablemente a la situación actual. Desaparecen las mayorías absolutas, nuevos partidos entran en las Cortes y parlamentariamente están forzados a llegar a unos acuerdos justo cuando más se odian, desprecian e insultan entre ellos.

Elecciones, repetición de elecciones, moción de censura, elecciones, repeti… Gobierno de Cooperación, Coalición, elecciones.

Resulta que no hay más remedio que pactar. Pero es ciertamente difícil hacerlo con quien hacías responsable de todos los males apenas diez días antes. A izquierda y derecha, que este desastre está muy repartido.

Ciudadanos no adelanta al PP, VOX no lo remata y Podemos se desinfla ante la centenaria maquinaria socialista. Difícil pacto en la Comunidad de Madrid o Murcia, para tesis doctoral la Presidencia del Gobierno.

Pablo Iglesias quiere ministerios. Porque no se fía del PSOE. El PSOE no se fía de Podemos, entre otras cosas, porque para qué quiere ministerios. Los dos llevan años insultándose, incluso seguían haciéndolo cuando la realidad les mostraba la necesidad de entenderse. Bueno, lo siguen haciendo ahora después de cada reunión privada (esas que iban a desaparecer) en la que supuestamente están negociando.

Van a pasar años y muchos sapos van a tener que ser tragados hasta que aprendamos a pactar. Ayudaría mucho que los que pactaran hoy no fueran los mismos que se insultaban ayer. Es difícil que Rivera llegue a acuerdos con Sánchez, como que este último lo haga con Casado. No les digo nada de Iglesias con el resto.

Si se fueran los que nos han traído hasta aquí, tras agradecerles sus servicios, sería más fácil que el relevo continuara la marcha.

Eso, o volveremos a lo de antes, porque lo que es incompatible poco dura. O nos odiamos todos y se reparte al 50% en un bipartidismo tradicional o empezamos a entendernos y salvamos de la desaparición a este nuevo escenario de más partidos, más pluralidad y más debate.

Que los que mandan elijan, o elegiremos nosotros (entre las pocas opciones que nos queden).

 

Lo mezclamos todo

Y lo hacemos mal.

Fue inútil advertir que estas Elecciones Municipales eran municipales y no Generales. Se veía venir, de lejos, pero caímos de lleno en el error.

Tratamos de corregirlo, especialmente allí donde hemos podido colaborar y asesorar, pero la avalancha superó toda expectativa y un mes después, se votó lo que se había ya votado.

El error no acaba ahí, sigue con los pactos. Los partidos tratan de hacer grandes acuerdos que incluyan gobiernos negociados por “packs”. 20 alcaldías por un lado a cambio de otras 10 de más peso y presupuesto.

Hasta se negocian municipios a cambio de Comunidades, Diputaciones, etc. Como si fueran intercambiables, como si diera lo mismo todo porque sólo se mide en cantidad.

¿Resultado? Amenazas de mociones de censura a las 24h de formar gobiernos. Es de récord.

Además, este desastre en la negociaciones tiene un ingrediente extra que termina de convertir la política local en un destino de dimensiones épicas; los odios viscerales.

Esos que no tienen sentido, ni razón o motivo pausado y meditado.

Bildu es ETA, VOX es facha, Cs es colaboracionista de los fachas, el PSOE un aliado del comunismo etarra y el PP blanqueadores de los fachas. Así todos los días.

Y del nivel general se traspasa tal cual al municipio. A esos municipios donde la gente ha votado más por la persona que por el partido.

Igual les parece raro que lo escriba, pero si pudiera hacer una lista abierta de personas para que gobiernen mi municipio habría del PSOE, de Podemos, de Ciudadanos y hasta del PP o VOX.

Acusar a un partido que pacta con uno o con otro en un municipio, sin saber siquiera qué municipio es, no es más que un reduccionismo al absurdo.

Prefiero la altura de miras de Valls, fíjense, que no puede haber dejado más claro a Colau el motivo de que fuera ella la votada, con el fiel reflejo en la plaza donde tomaba la vara de mando.

Tal es la mezcla caótica, que el Gobierno de la Comunidad de Madrid depende del cumplimiento de un pacto en el Ayuntamiento de Madrid. Un pacto secreto, tanto, que revelarlo se usa como amenaza. Es un buen resumen…

Cada elección es diferente, cada municipio igual. La política está para que en ella exista toda posibilidad, hablando. “No se firma la paz con los amigos, se firma con los enemigos”, es una frase que se repite varias veces en una conocida serie y es cierta.

Que Podemos llegue a un acuerdo con VOX no tiene que ser necesariamente una mala noticia, puede ser más bien lo contrario. Forzosamente debe haber espacios comunes, de acuerdo, de mejora de una calle, de instalación de un parque nuevo, de solicitar un nuevo centro de salud.

A nivel municipal eso es lo que importa, aunque ahora es lo que menos está importando.

Si me lo permiten, como votante, valoraré los pactos por los resultados que hayan tenido, no por el hecho de que se hayan producido.

 

 

 

Mira, me da igual

Pudiera parecer que estamos tan hartos de la política, que hasta hemos decidido volver a votar a los mismos de siempre.

En su momento nos enfadamos con ellos, ahora ya los asumimos como inevitables porque nos hemos rendido. Política y socialmente hemos entendido que nuestros dirigentes son los que son, que hacen lo que hacen y que poco más se puede esperar.

No es dramático. Siempre ha habido varias vías de activismo político, una es a través de los partidos políticos y otras en forma de diferentes organizaciones, como sociedad civil, y está creciendo con fuerza esta última.

No tanto en forma de ONG o asociación concreta, sino en una creciente conciencia colectiva que está dejando a los partidos absolutamente de lado.

Mientras VOX se indigna por los pocos metros cuadrados que tiene de despachos en el Congreso, mientras el PSOE explica lo que es un “Gobierno de Cooperación”, mientras Ciudadanos nos dice que no negocia con los que negocia, el PP se come sus palabras sobre los gobiernos de perdedores y mientras Podemos se empeña en pedir sillones, los ciudadanos se alejan cada vez más de ellos porque eso les da igual.

Incluso les da un poco lo mismo “el procés”, si me permiten decirlo.

Resulta que lo que más está motivando a la sociedad ahora, lo que no les da igual, es eliminar el plástico. Así de sencillo.

¿Hay algún partido hablando de eso? No. ¿Espera la sociedad que los partidos hablen de eso? Tampoco.

La distancia no solo es tan grande como viene siendo habitual, sino que ahora ya ni se espera ni se intenta que se reduzca.

Resulta que no hay quien coma ya pescado sin sentir que está ingiriendo dos kilos de plástico, no dejamos de ver paraísos costeros arruinados por la acumulación de basura y el gigante transparente y sólido sigue creciendo por momentos.

Es -y se percibe como- lo suficientemente grave como para que “oye mira, es que el resto me da igual”. Así que los políticos a lo suyo, a que se entretengan, a que la caguen lo menos posible, porque se espera poco o nada de ellos. Si hay riesgo de que la cosa empeore mucho hay movilización suficiente, pero si el riesgo baja, “allá ellos”.

Supuestamente, a los partidos, les debería preocupar esta distancia, este estar tan lejos de representar los intereses reales de la ciudadanía. Pero no, por lo visto ellos lo han asumido igual y por su parte, mientras les dejemos hacer, lo nuestro “les da igual”.

Todos contentos. Al fin y al cabo desilusionarse no es más que esperar aquello de quien no te lo va a dar.

De nuevo, bipartidismo

La política rara vez es justa. Ni internamente, ni en los procesos electorales.

¿Recuerdan a Tomás Gómez enfrentándose a la privatización del servicio de lavandería de los hospitales públicos? Pues lo hizo, en incontables ocasiones, en los propios hospitales. Entonces ni caso, hoy, en cambio, los medios se escandalizan por los resultados de aquello. La privatización siguió, Tomás Gómez no.

Pero este recuerdo, casi melancólico, es una pequeña anécdota de esas injusticias que tienen muchas más vertientes.  Por ejemplo, estas últimas elecciones municipales han sido muy injustas con los partidos locales.

Partidos centrados en mejorar su municipio, sin más aspiraciones que sus barrios, sus vecinos. Son probablemente la mejor opción para un municipio (seguro que hay alguna excepción) y lo digo con conocimiento de causa. He trabajado con muchos de ellos, tengo grandes amigos que se desviven por su pueblo, que dedican horas desinteresadamente por mejorar sus calles y que están fuera de las guerras políticas porque su único interés es hacer las cosas bien.

Lo lógico, coincidirán conmigo, es que nada mejor para un municipio que ser gobernado por quienes se van a dedicar en cuerpo y alma a mejorarlo porque no tienen intención alguna en “ir subiendo” en el partido.

Pues no ha sido así. Han resistido, sí, pero su representación se ha visto muy reducida por una tendencia que está resurgiendo.

Vuelve el bipartidismo.

Probablemente no sea tan puro como el que veníamos teniendo hasta el 15M (qué recuerdos) pero vuelve. En el espacio de la izquierda Podemos no ha logrado configurar un espacio propio mayor que aquel que ya tuvo IU en sus buenos momentos y a la derecha -ciertamente ahora más fragmentada- se empieza a notar la debilidad electoral de VOX al no haber logrado hacer el sorpasso al PP en “provincias”.

No se ha conseguido romper el bipartidismo en aquellas circunscripciones donde se reparten dos, tres o cuatro diputados. Y si estuvo en algún momento un poco amenazado ya nada queda. El peor PP ha resistido, únicamente superado por el PSOE.

Habrá más diversidad en las ciudades, al menos durante un tiempo, pero más allá de las grandes zonas urbanas PP y PSOE copan toda representación posible.

El votante es muy injusto y busca seguridad. Durante unos años llegó a estar tan harto que se olvidó de sus miedos e hizo temblar el turno pacífico, pero aquello pasó. La oportunidad se va cerrando cada vez más y -olvidada la corrupción- vuelve a crecer el PSOE y no tardará en recuperarse el PP.

Al fin y al cabo tienen una solidez estructural inmensa, la memoria del votante es absolutamente reducida y su capacidad de perdón infinita.

No me olvido de Ciudadanos. Puede hacer que esta vuelta al bipartidismo sea más lenta y menos profunda. O puede ir diluyéndose si el votante empieza a dudar de su utilidad, de su capacidad de inclinar la balanza hacia ambos lados en vez de hacia el mismo siempre.

Seguimos lejos de las mayorías absolutas, pero veremos subir los porcentajes de voto de PP y PSOE cada vez más, y más, y más…

Así no se puede, Podemos

Se dijo que los nuevos partidos envejecían demasiado rápido y había algo de cierto en ello.

En el caso de Podemos el envejecimiento, mas que prematuro, era esencial. Iba en su propia construcción. El planteamiento de un partido abierto, en círculos, de abajo a arriba -de existir- apenas duro unos meses frente al liderazgo ilimitado de Pablo Iglesias.

Sobre él se construyó la dirección, el partido, los Congresos, las papeletas, las campañas y el relato. Los círculos daban vueltas mientras él dirigía.

En campaña funciona, al menos durante unas pocas campañas. Una figura potente, mediática y con un discurso interesante al espectador/votante resulta crucial en estos tiempos.

El riesgo es quedarse en esa construcción y no ampliar la base. Es una columna muy sólida, pero una pata no sostiene una mesa si lo que la rodea empieza a moverse, soplar viento y la empujan con un poco, tan solo un poco, de fuerza.

Sin escuderos con espacio para crecer, alianzas más solidas y coherentes y concentrando una y otra vez todo el discurso, el espacio y los errores, lo que estamos viendo era inevitable.

Cuando cae su relato cae el del partido, justo cuando no quedaba nadie para construir uno nuevo. Cae, además, en periodo electoral. Y no hay más, porque se le dijo al votante que todo era Pablo Iglesias.

Para colmo, quedan los muy fieles. Un mal común en los partidos “viejos”. Quedan los que quedan, que ya dice mucho.

Son normalmente los más fieros con cualquier posible crítica (no la hicieron en su momento, no la van a hacer ahora) y los máximos defensores del líder, haga lo que haga. Los enemigos son todos los demás y no dudan en sucumbir a la máxima de la derrota; “si tanto quieren a nuestro líder fuera, es que es el mejor”. “Pues que se lo queden”, responden los votantes a gritos en las urnas.

Pasó como el más moderado en el debate. Ni más ni menos que el más moderado, con lo que había sido. Le dejaron que lo fuera, le sabían irrelevante. Nadie ataca al que nada aporta, pero no lo vio entonces, porque sólo escuchó que había ganado el debate. Lo ganó, básicamente porque al resto le importaba poco que lo hiciera, pues bastante centrados estaban en que no lo ganara quien sí les podía perjudicar.

Pablo Iglesias no supo irse, ni ahora saben cómo quitarle. Los que quedan no quieren hacerlo y los que sí quieren ya están fuera.

La pena es que Podemos era mucho y podía ser mucho más. Iglesias logró que incluso quienes poco confiábamos en él, admirásemos su capacidad de convencer al votante aún sin entender que fuera posible. Abrió una ventana de oportunidad enorme que se quedó completamente solo sujetándola. Y se la van cerrando, claro. Porque menudo es el PSOE para cerrar ventanas ajenas.

Poca solución queda, pues el problema no es envejecer rápido, sino hacerlo mal.

Mientras, sus militantes seguirán empeñados en que “son los poderes económicos, mediáticos, las cloacas o incluso las tropas imperiales” los que están acabando con Iglesias, sin ver que son sus votantes los que se han ido. Porque las cloacas no le votaron, ni los poderosos, pero los demás sí. Y ya no.

 

PD. Como ven, es posible describir los problemas  de Podemos sin siquiera hablar de Galapagar, porque desgraciadamente es una cuestión de fondo, que supera las formas (y eso que las formas dan para un hundimiento en sí mismo)

¿Y los jóvenes, qué?

No es una encuesta, no verán porcentajes, ni estimación de escaños, ni va ganando uno u otro.

Las conclusiones que se exponen de manera sintetizada a continuación son el resultado de un trabajo de campo cualitativo realizado a lo largo de tres semanas en 8 provincias españolas conversando con más de 1.500 jóvenes de entre 18 y 30 años.

La información se ha extraído de conversaciones espontáneas, en sus propios grupos de amigos y en sus espacios (Universidades públicas, terrazas, bares y parques). Son respuestas no dirigidas ante preguntas no relacionadas de manera directa.

Se ha valorado la información obtenida sobre percepciones electorales, posicionamiento y definición política ante las Elecciones Generales del 28A.

Conclusiones más relevantes:

  • Se ha podido comprobar un patrón de voto que se repite de forma significativa:

-Van a votar a VOX (Expresado de forma nítida y significativamente elevada)

-Van a votar contra VOX (Temen la aparición y subida del partido de Abascal como algo real ante lo que deben actuar)

-Van a votar a PACMA (Más allá de la dualidad anterior)

  • El votante de VOX es un votante/militante. Es decir, no es un joven “de derechas” que duda entre PP, Cs o VOX. Es alguien convencido de ser y votar a VOX por motivos “fundamentales”. Ejerce liderazgo entre su grupo de amigos, es extrovertido, el primer en hablar, disfruta del debate y proclama su voto porque se siente respaldado por su entorno para hacerlo. No es una voz minoritaria ni contestataria con el grupo, es la predominante en su grupo.
  • El votante que reacciona ante VOX no quiere que se disperse el voto. Se decanta por el PSOE por descarte, no por ilusión o interés real. Votarán al PSOE para que no gane VOX, partido del que hablan con expresiones vinculadas a “temor”, especialmente en el caso de las mujeres. Saben, por su entorno, que el votante de VOX no es nada minoritario.
  • El votante “Contra VOX” está decepcionado con Podemos. No ve que sea útil votarles. Es la segunda opción para aquellos que por algún motivo no van a votar al PSOE ni quieren a VOX pero significativamente minoritario (excepto en provincias como Alicante, Pontevedra,…)
  • Otro problema fundamental para Podemos es que el votante de izquierdas no está preocupado (en estas elecciones) por “parar a los bancos” o “parar a los poderes económicos ocultos”. Lo que quieres es parar a VOX, y para eso funciona mejor el PSOE, básicamente porque el discurso de Podemos no encaja en su preocupación Nº1
  • Es cierto también que no hay posicionamiento claro en favor o en contra de Pedro Sánchez/PSOE. No surge de manera espontánea defensa de nada “hecho” por el Gobierno ni crítica (por parte de los votantes de izquierdas). “Hay que votar al PSOE, visto lo visto” es el argumento con el que justifican el cierre de su voto.
  • Cs no aparece como actor político entre los jóvenes. No quiere decir que no tenga votantes, pero no forma parte del debate, no genera interés, no esta en juego ni provoca defensas o críticas emocionales.
  • El votante de PACMA es joven, en muchos casos va a ir a votar por primera vez y se decanta por esa opción precisamente para evitar entrar en la dicotomía mayoritaria. Es un votante que dice en alto su voto, realmente decidido, que apenas sufre desgaste por voto útil hacia el PSOE. Los jóvenes valoran lo sencillo y claro de su mensaje aunque critican, eso sí, que ha aumentado su “radicalidad”.
  • Apenas hay menciones a la situación económica o laboral. Sí a la defensa de derechos (Por un lado) y a la defensa de España (por otro)
  • Resulta muy difícil tratar de extraer un estereotipo del votante joven de VOX atendiendo a los habituales parámetros de imagen. Lo mismo va con camisa y náuticos (los menos) que están tomando botellines, fumando porros y con camiseta y vaqueros (los más).
  • Hay un número muy relevante de jóvenes (de izquierdas) con derecho a voto que, queriendo votar, no saben por quién hacerlo. Son un grupo que no quiere que gane VOX, pero para quienes ese único argumento -todavía- no les ha llevado a definir su voto. De manera indirecta expresan que “al final habrá que hacerlo (En referencia a PSOE o Podemos)” pero en cierto modo se resisten, esperando que de alguna manera aparezcan posibilidades mejores.

El posicionamiento “contra VOX” es especialmente significativo entre las mujeres y se refieren a dicho partido en numerosas ocasiones con expresiones de temor real “nos van a fundir”, “van a acabar con todo”, “como ganen, estamos jo***as”, etc

Por el contrario las mujeres de derechas se ubican más en una posición cercana al PP en edades más elevadas (cerca de los 30) mientras que las más jóvenes (en el espectro ideológico de la derecha) comparten grupo de amigos, charla y debate con VOX. Si bien es cierto que de manera pública no mencionan su apoyo a VOX de forma tan abierta como sus compañeros masculinos, no se sienten incómodas con verles defender las propuestas de VOX aunque se mantienen en silencio y eluden el debate si te trata de conocer más su opinión.

 

Conclusiones asociadas:

  • El desconocimiento sobre el sistema electoral es enorme. Apenas se entiende lo que significa la circunscripción, a quién votan, que lista tendrán en su provincia, cómo se va a repartir cada escaño. Queda simplificado a que “cuantos menos partidos haya, mejor”.
  • Por sorprendente que pueda parecer, hay una confusión más que relevante sobre qué elecciones son las siguientes.
  • El debate sobre las armas propuesto por VOX no ha sido positivo para ellos y apenas ha tenido repercusión entre sus votantes.
  • De manera general tienen el sistema democrático perfectamente asumido, a pesar de la voluntad de concentrar el voto ven bien que más partidos se presenten.

 

Consideraciones finales:

¿Significa esto que VOX va a ganar las Generales? NO

¿Significa esto que el PP no existe? NO

¿Significa esto que el PSOE logrará la victoria aplastante? NO

Son consideraciones cualitativas. Surgen de la conversación, del debate, de lo que comentan. Cualquier intento de extrapolar a términos cuantitativos lo aquí expuesto corre enorme riesgo de error.

El valor de estas consideraciones y conclusiones son de fondo. ¿Qué se debate? ¿Qué está moviendo hacia un voto u otro? ¿Qué significa para los jóvenes un partido u otro? ¿Qué determinará su decisión final ante la urna?

Se trata del valor del mensaje, de lo que está llegando, de lo que no, de lo que está en la agenda, de lo que no parece que vaya a estar, de lo relevante, de lo que está en la opinión diaria.

Que no es poco…

La palabra dada

Cuando da su palabra, cumple.

No entendía por qué lo hacía pero así era, de forma inevitable, desde que podía recordar.

Llegaba incluso a más, sintiéndose responsable de lo que decía, aunque sobre ello no hubiera una promesa literal de cumplimiento. Si algo salía de su boca era siempre un nuevo compromiso.

Las apuestas las pagaba, claro, e irremediablemente ofrecía una puntualidad ajustada a décimas de segundo.

Nadie recordaba que no hubiese sido siempre así, como nadie negaba haberse aprovechado alguna vez de tal firmeza moral. Era fácil, decían, beneficiarse de un punto fijo al que agarrarse ante la marejada de mentiras, bulos y traiciones.

Esa firmeza era útil para los demás, en cuanto no estaba acompañada. A él le benefició poco. Cuando alguien necesitaba una certeza le consultaban, pero pocos le pagaban con el mismo compromiso.

Aquellos que más le conocen siempre le describen igual, comentando lo poco que habla, lo poco que dice. Cuando opina, relatan los testigos, lo hace remarcando que es una opinión y nada más que eso.

Nunca entró en política.

 

Era nuevo

Era nuevo. Muy nuevo, lo más nuevo.

No podía ser más moderno. A su lado todo se volvía viejo y caduco, se oxidaba, renqueaba, no arrancaba.

Todos lo querían, imposible no desearlo. Pasó a ser de las masas, ofrecía lo que no había, hacía sentir lo que ya no se recordaba.

Y eso que no era nada, que estaba vacío, que no se movía. Pero cómo no quererlo, si era nuevo.

Cientos, miles, millones. De golpe lo llenó todo. Había en varios colores; morado, naranja y otros menos destacados.

Hicieron más a toda velocidad, imposible saciar la demanda.

Quien se quedó con lo viejo era criticado. Por serlo, por tenerlo, por valorarlo.

Y pasó el tiempo. Muy poco, pero lo suficiente. El vacío de lo nuevo estaba lleno de todo lo viejo, lo denostado, lo supuestamente abandonado.

A la misma velocidad a la que llegó, se quedó obsoleto. De golpe fue igual que el resto, que todo lo demás. A veces hasta peor, por burda imitación.

Al final todo viejo de nuevo.

Quieto

Quieto en su cuerpo. El movimiento de sus ojos estaba limitado por la rigidez de su cuello.

Arriba el cielo eran las cejas, de izquierda a derecha su nariz, abajo hasta ponerse bizco. Ese era su mundo, lo que aparecía en ese espacio permitido por los escasos músculos que aun se sentían parte de su cuerpo.

El resto se habían ido hace tanto. Demasiado. Como para ya ni recordarlo, ni echarlo de menos.

Si caminó alguna vez ya no fue él. Si saltó, si corrió, igual, sería otro. A veces, veía en su padre ese mismo olvido. Su padre se quedó con quien fue su hijo y no con ese que llevaba de la cama al sofá a la misma hora cada día.

Sólo a veces. Otras había lágrimas, abrazos, besos.  Muchas sus ojos conectaban y vivían juntos de nuevo. Todas esas veces en las que logró hacerle sentir que sí le escuchaba.

Se quiso ir hacía mucho. Sin poder decir adiós más que con un parpadeo prolongado la mayoría no habían vuelto. Como todos esos amigos que al abrir los ojos no estaban, él quería también irse.

Fue claro con su padre aquel día. Un parpadeo, nítido y rápido. Sí.

Pero había pasado un año desde entonces. No podía, le escuchó decir.

No supo si por él o por otros. Si por falsa esperanza, por miedo, por dolor o porque otros lo impedían.

Injusto, claro. Como todos esos años quieto.