No flota

Tras invertir unos 2.000 millones de euros sólo hemos logrado que se hunda.

Harán falta otros 2.000 millones para que sea capaz de subir, de ponerse en marcha y puede que dar beneficios.

Es todo tecnología española, excepto por la auditoría americana para saber por qué se hundía. Nimiedades.

Los datos se refieren a los submarinos S-80, pero hoy -día de debate sobre las pensiones- me ha venido a la cabeza la noticia.

Me atrapa esta historia, me sirve para casi todo. Españoles gastándose miles de millones de euros en unos submarinos que hemos logrado que se hundan pero que no pueden volver a subir a la superficie.

Creo que por mucho menos dinero yo también habría sido capaz de hacer submarinos que se hundan y no vuelvan a subir. Hasta podría hacerlo con barcos.

Los plazos, algo muy español, han sobrepasado cualquier previsión y vamos por los 10 años de retraso. Ni siquiera funciona el nuevo sistema de propulsión, así que de los cuatro nuevos submarinos, dos serán botados con motores “viejos”. Luego ya se cambiarán…

4.000 millones de euros por 4 submarinos. Igual lo valen, igual hasta son rentables.

Por la mitad de eso se podrían revalorizar las pensiones en base al IPC.

Votamos el ayer

Ponte a escribir algo alegre con lluvia. Peor, con un pronóstico de 15 días seguidos lloviendo. Todavía si fuera nieve…

Y eso que ya es marzo. O casi. Que antes o después ya estaremos quejándonos del calor -los que lo hagan, yo no-.

En cualquier caso, asombra la velocidad a la que va el pasado. Podríamos saborear todavía las uvas y resulta que vamos por el tercer mes, acabando el invierno.

El futuro, en cambio, va mucho más lento. Siempre está lejos, ya llegaremos.

Tal vez por eso pasamos más tiempo queriendo arreglar el pasado que el futuro. Porque sentimos que lo tenemos más cerca. “Si hubiera estudiado aquello”, “Si no la hubiera cagado entonces”…

Y eso que el pasado es de lo poco que no podemos cambiar. Porque podemos mentir, ocultarlo y vender versiones idílicas, pero seguirá siendo el mismo.

El presente es el momento en el que cometemos los errores, en vez del tiempo en el que pensar en el futuro. Así nos va.

Hablemos de las pensiones, por ejemplo.

(Me tengo que hacer ver lo de irme tan lejos para acabar tan cerca)

Con las pensiones sabemos los errores que han cometido todos. Unos no vieron la crisis, otros no cambiaron el sistema, otros se fueron al bosque y los de ahora se comieron todo el Fondo de Reserva.

Tal es así que los partidos, ahora, nos piden que les votemos porque no van a hacer lo que hicieron los otros, en vez de -y fíjense en el sutil diferencia-, decirnos que les votemos porque van a hacer lo que el otro no hará.

Total, que hasta votamos en pasado pretendiendo que nos gestionen el futuro. Menudo despropósito.

Miento. Al menos un poco. De vez en cuando sí nos hablan del futuro. Cuando nos prometen loquesea. Subirán las pensiones, el Salario Mínimo, reducirán la brecha salarial, implantarán la plena igualdad.

Pero resulta que eso lo prometen todos, así que no sirve como promesa de algo concreto a hacer, diferente de lo que hará el otro.

De tal forma que nos obligan a seguir votándoles en base a sus errores del pasado., pero se extrañan luego de las bajas notas que reciben… ¿Cómo vamos a valorarles mejor si se obstinan en que no olvidemos cuánto han fallado?

Hay una tercera opción que parece estar promoviendo Albert Rivera. Además de recordar los errores, ha considerado un gran valor no prometer. Decía en una entrevista reciente que no iba a hablar de subir pensiones porque es realista.

A este se le ha olvidado para qué está la política. Me explico; Una cosa es decir la verdad y otra olvidarse de la función transformadora de la política.

No necesitamos a un político que nos diga que la pirámide de población en España es tan terrible para las pensiones como efectivamente es o que nos recuerde que con bajos salarios pocas jubilaciones sos sostenibles. El problema ya lo conocemos.

Termino. Irremediablemente pesimista.

Hace falta un partido que hable en futuro. Con valentía para proponer lo que cree necesario y explicar alguna forma de hacerlo. Igual es tan fácil como crear un Fondo Nacional de Inversión, obteniendo beneficios del turismo para reinvertirlo en sectores con un gran valor añadido, con cuyas ganancias podamos garantizar mejores pensiones.

Incluso si no acierta, al menos debatiremos sobre posibilidades y no sobre errores ya cometidos.

 

¿Y esos pensionistas?

Forges tenía razón, como la suele tener El Roto, pero es que también Machado nos retrató bien.

Probablemente seamos la nación del mundo que mejor conoce sus defectos y a la vez la que con más comodidad convive con ellos. Ahora, que nadie nos lo diga.

Lo podemos ver en Concha y en Mariano, ahí sí. Porque no son ninguno de nosotros, aunque todos nos veamos representados en ellos. Ahora bien, ojo con que a cualquiera se le ocurra escribir que tenemos una economía en B  -generalizada-, que mantiene a buena parte de nuestra sociedad. O que nos recuerden que muchos van al trabajo, frente a los que trabajan.

Llevamos tantos años conociéndonos como prometiéndonos cambiar. Tanto es así que nos creemos a políticos que cada cierto tiempo llegan y nos aseguran tener la llave para cambiarlo todo. Con su llegada la Sanidad Pública resurgirá, las pensiones aumentarán, los bancos pagarán comisiones, los empleos serán fijos, las condiciones laborales justas, la Justicia rápida y eficaz y la corrupción perseguida hasta la extinción.

Y hasta les votamos. Porque sabemos que de hacerlo, de ponernos en serio a ser transparentes, legales y productivos todo lo bueno sería sostenible.

Pero luego no. Nada. No ocurre. Cambiamos de “a poco”, “al merme” que diría Mota. Y tampoco es poca cosa, porque avanzamos.

Fíjense, que ayer miles de pensionistas llenaron las calles para reclamar pensiones dignas sin haber llegado a Trending Topic en Twitter, sin memes, sin hastags. No se sabe muy bien cómo lo hicieron. A mi me pilló viendo una serie en Netflix.

Igual es eso, ellos lo tenían mucho más fácil para salir a la calle. La serie que veían era un día a la semana, a una hora concreta.  Nosotros, en cambio, tenemos que terminar las cuatro series que vemos a la vez antes de que llegue una nueva temporada. Así no se puede salir a protestar, no hay tiempo. O ganas. O ¿para qué?.