La innovación de Sánchez

Se supone que es algo reservado a los analistas, a los asesores de campaña, a los “spin doctor” (sean lo que sean), a los grandes estrategas electorales, pero gracias a tantas y tantas series sobre ello cualquiera de nosotros sabe que en una campaña electoral marcar la agenda es fundamental.

Hay más cosas, claro. Saber el marco o encuadre de cada formación y de los votantes potenciales, el análisis acertado de las encuestas -de calidad-, la construcción del candidato y el tan manido pero no menos importante relato.

Pero la agenda es fundamental porque hace ganar o perder como casi ningún otro parámetro. El motivo de que esto ocurra es sencillo; si durante la campaña se habla de aquello que es mi fortaleza, lo votantes me percibirán como la mejor solución y, se supone, me votarán.

Pablo Iglesias estas cosas las sabe, claro. Por eso lleva horas luchando por dejar de hablar de Cataluña y meter otros temas en el debate público. Lo ha hecho sin sutilezas, pidiendo directamente hablar de otras cosas. El ejemplo es bueno. Si la campaña va de Cataluña y la sociedad está -como está- polarizada, la posición de Podemos sobre dicha Comunidad tiene pocos votos que rascar, más bien lo contrario.

Para el PP es un lujo, como para Ciudadanos -prueba de ello es la propuesta de moción de censura- porque son parte directa de ese discurso, los primeros de la clase por decirlo de alguna manera.

Si la campaña va de hablar de la unidad de España, Casado y Rivera pueden dedicarse simplemente a rivalizar entre ellos, algo mucho más sencillo que tener que convencer a los votantes con sus propuestas sobre justicia social, protección del Medio Ambiente, las inversiones públicas, el intervencionismo y un largo etcétera.

¿Y Pedro Sánchez?

Esto es lo innovador de este candidato. Mientras el resto de partidos mantienen y defienden intacto su “frame” (el marco y posicionamiento ideológico básico y la forma y lugar desde donde se interpreta la realidad), Sánchez lo cambia cada vez que se presenta a unas elecciones -ya sean internar o externas-.

Es muy positiva la capacidad de adaptación en política, pero nadie había llegado al punto de cambiar, en cada campaña electoral, todos los marcos y agenda de su partido.

Sánchez puede ser en una campaña rival directo de Casado con la bandera de España más grande. En otra puede defender un Estado Plurinacional. En una puede estar lejos del 155, en otra puede estar con la amenaza de activarlo a cada paso. Puede incluso ganar unas primarias con un marco absolutamente a la izquierda, posicionándose al lado de Podemos y en meses hacer una campaña moderada y centrada lejos de Iglesias.

De golpe aparece ante sus votantes como un candidato tan de izquierdas que los “grandes poderes económicos y mediáticos” del país le censuran y le impiden formar gobierno como es en las siguientes elecciones el candidato del establishment, mano a mano de las principales empresas del país y hermanado con los medios de comunicación.

Esto, que a priori nadie le recomendaría a un partido ni a un candidato, es la esencia de un Pedro Sánchez que no sólo recuperó la Secretaría General del PSOE, sino que llegó a ser -y sigue siendo- Presidente del Gobierno.

Tiene un coste. Personal y político para su partido también. La indefinición actual del PSOE es una debilidad a medio plazo ante los votantes. Si el líder termina por caer en algún momento y sus admiradores se quedan huérfanos, no habrá una cama ideológica clara donde refugiarse. Tras tanto movimiento ideológico pendular la reconstrucción de la fiabilidad del PSOE será larga y costosa.

Empieza de nuevo una campaña y esta vez Sánchez vuelve a la bandera de España. Habrá que ver si su capacidad camaleónica logra resultar más creíble que el posicionamiento habitual del PP ante una agenda tan favorable.

Cabe añadir, por último, que en tiempos de incertidumbre (económica, política, social) como el que vivimos, el votante busca lo más seguro. Parece que los asesores de Sánchez lo saben, queda saber si han medido bien la fuerza de la competencia y la capacidad del electorado de olvidar y creer.

Imaginad que os voto

Por arte de magia me olvido de todo, dejo de saber quienes sois, lo que habéis hecho, dicho y dejado de decir.

Llego nuevo al escenario político, soy de izquierdas y estoy dispuesto a creerme las promesas. Todas, por incongruentes que sean.

O mejor, me convenzo a mi mismo de que la responsabilidad de todo lo ocurrido es nuestra, de los ciudadanos. O de la derecha, los fachas, que es más fácil todavía. Cualquiera menos vosotros, a quienes decido dotar de un aire virginal, un aura de bondad espontánea.

Si lograra abstraerme a ese nivel, si naciera hoy en España de golpe a mis 34 años y tuviera que votar, miraría sin dudarlo a PSOE, Podemos o Más País. Parece obvio y sensato dudar entre ellos a la hora de decidir a quién votar.

Así que, llegados a este utópico punto de partida, no tendría más remedio que basarme en lo que viera desde aquí.

Entraría en Twitter, claro, y vería cientos de cuentas de Podemos insultar a Errejón. Ya se empieza a complicar la cosa, y eso que soy nuevo.

Vería a algunos del PSOE atacar a Errejón y otros a Podemos. No mejora la cosa.

Pero estamos en campaña, me digo, para seguir en positivo.

No vería ninguna propuesta concreta de Más País. Mi preocupación crece de nuevo. Leería que quieren facilitar un Gobierno Progresista, sin entorpecer su formación pero sin darlo gratis. Empiezo a confundirme y me planteo que para eso voto directamente al PSOE.

Voy directo a las encuestas, para optimizar mi posible voto. Nada, ni una mayoría clara. Cualquiera de esos tres van a tener que pactar sí o sí. Estoy convencido de que lo harán, que para eso no tengo recuerdo alguno.

Vuelvo a las redes, a la calle, al debate en las televisiones. Resulta que el PSOE me dice que no puedo votar a Podemos porque siempre que pueden impiden un acuerdo con el PSOE. Ni idea de lo que hablan, pero por lo enfadados que están me los creo, que es a lo que he venido, a creerme todo.

Estoy casi seguro de votar al PSOE. Pero escucho a Podemos y resulta que la culpa de todo es de Pedro Sánchez. Me lo creo también, claro.

Así que van a tener que pactar si quieren gobernar, pero lo que me dicen es que no lo harán bajo ningún concepto o no sumando los diputados suficientes. Es más, percibo rápidamente que no es sólo estrategia, hay más odio que asesores. Estos no van a pactar, se oye en mi cabeza.

Todos me dicen que les crea a ellos, que para hacerlo me acuerde de lo que hicieron en el pasado. Pero algo me dice que si vine hasta aquí, queriendo olvidarme de todo, sería por algo.

Así que a pesar de no recordar nada, de estar dispuesto a creerme lo que digan y de querer votarles, resulta que acabo en lo mismo…

¿Y ahora qué hago?

 

¿Quedan partidos políticos?

En estos momentos sería justo definir a la mayoría de las agrupaciones políticas electorales como “movimientos políticos” más que como partidos.

Sin estructuras internas consolidadas, sin espacios territoriales propios, sin pluralidad de liderazgos, sin corrientes críticas, sin rivalidades, sin primarias…

En parte por la atomización de los partidos tradicionales, causada por la desafección y la desilusión, estamos ante un escenario de movilidad constante. Un supuesto partido político se presenta a unas elecciones bajo unas siglas u otras sin necesidad de reflexión debate o análisis más allá del impacto electoral.

Si la marca Errejón tira más que la marca Iglesias-Montero simplemente se vuelcan las lealtades sin ningún tipo de estrés ni tensión interna.

No existe fricción en buena medida por la falta de militancia tradicional. Un partido “tradicional” -pensemos en el PSOE de Felipe González-, se apoyaba en una masa de militantes activos y comprometidos que no tolerarían movimientos tan rápidos. Cada paso que esos partidos daban requerían de tiempo, mucho tiempo.

Tal vez por esa difícil capacidad de adaptación fueron quedando relegados, en evidencia con el 15M y diluidos con el paso del tiempo.

Ante un escenario político tan voluble (provocado y causal al mismo tiempo) la maquinaria de los partidos tradicionales sufre demasiado. Una militancia crítica con espacios para debatir (Congresos nacionales o regionales, Comités orgánicos, etc) no es compatible con cambios de posición de la dirección en menos de 24 horas -siendo generosos-.

En cambio, movimientos basados en grandes liderazgos (mediáticos) que se agrupan en torno a un nombre son mucho más flexibles. No existe como tal el debate, simplemente se sigue al líder. No es una militancia, es un “follow”, un fenómeno fan.

Si el líder cambia, los seguidores cambian. No van a tener lugar donde debatir porque no forman parte de un partido, son parte de un movimiento.

Es fácil de ver en Podemos, fácil de ver también ahora con Errejón, pero similares características vemos en el PSOE, con el “hiperliderazgo” de Sánchez, Ciudadanos con Rivera y hasta en el PP con Casado (en menor medida porque no ha habido una evolución tan drástica) o con Vox.

Sánchez llegó a la Secretaría General del PSOE prometiendo que toda decisión importante pasaría por las bases y acabó ofreciendo votar a sus militantes sobre acuerdos ya firmados. Iglesias prometió democracia casi directa y acabó sometiendo a referéndum si debía quedarse con el chalet o no.

Errejón ha sido elegido a mano alzada, cono todo decidido, Rivera ni se acuerda de la limitación de mandatos.

Por no haber, ya no hay ni críticos. No da tiempo, ni se les espera. El que quiera debatir que se vaya a Twitter y grite a las paredes.

Pablo, deberías aceptar

Por si acaso, al menos, sería útil dejar la puerta abierta a hacerlo e ir preparando un relato compatible con un giro de guión de último momento.

Como por ejemplo dejar de hablar de humillaciones y de la dignidad de los votantes, porque ante eso no hay salida, no hay opción lógica que explique elegir lo indigno. Más cuando es uno mismo el que lo define.

Es cierto que ahí está la decisión a tomar y que no es nada sencilla. Conozco de cerca casos de quienes, estando en política, tuvieron que elegir entre lo mejor para sus intereses y la posición digna. Los que conozco, precisamente, optaron por no pasar por el aro, pero acto seguido dejaron la política porque descubrieron que era sorprendentemente incompatible en demasiados momentos.

En la otra mano está la posición -llamada- racional. ¿Qué es lo mejor para aquellos ante quienes debes rendir cuentas?

Y ese es el caso, Pablo. Porque ahora no eres tú, es Podemos -como poco-.

Unas nuevas elecciones serían muy duras, especialmente estas. Podemos está desgajándose internamente, cogido en muchas provincias con alfileres y en otras con pactos más teóricos que reales. La posibilidad de que Errejón de un paso mas es real y afrontar de nuevo las tensiones con IU y hasta con EQUO no se antojan nada sencillas, más cuando los militantes de esas formaciones no están especialmente contentos con cómo se ha liderado esta negociación.

Pedro Sánchez quiere acabar contigo y en segundo lugar con Podemos. Me consta que lo sabes. De rebote lograste una oferta que incluía ministerios y lo rechazaste. Todavía lo estás lamentando. No es fácil pillar en un renuncio a Sánchez y lo lograste… para nada.

Ahora, como bien analizas, no quiere darte nada. No quiere que aceptes, salvo que sea en forma de rendición incondicional. Pero para que sea tu culpa te ofrece algo; medidas, oficina de control del acuerdo y puestos -imagino- bien remunerados.

Acepta. En serio. La supervivencia de Podemos en el tiempo lo requiere y abre de verdad un nuevo escenario de “coalición” y no sólo en forma teórica con ese manido “los votantes lo han pedido”.

Saca adelante las medidas, presiona para que se cumplan, pon en evidencia las incoherencias de Sánchez, la distancia entre lo que promete y lo que hace, lo que dice ser en campaña y lo que es en el cargo. Ahí tiene Podemos campo para correr.

Además asientas el partido. Sitúas a cargos medios, algo que sabemos que ayuda y mucho a cohesionar partidos y como no son ministros, pueden ser perfiles más cercanos. Sus errores serán inapreciables y Podemos ganará en experiencia de gestión, en saber lo que es dirigir y gobernar…

Más sencillo; no se lo pongas tan fácil a Sánchez. A unas nuevas elecciones el PSOE va con una maquinaria entrenada y con una solidez envidiable. Es el partido de Pedro Sánchez, no hay oposición interna, no hay corrientes, no hay debates, no hay tensión alguna. Enfrentarse a eso en la situación de Podemos es, lógicamente, lo que buscan.

No es justo lo que está ocurriendo, no son formas, no debería negociarse así… es verdad. Eso es evidente. Pero igualmente injusto es que no se responsabilizará a Sánchez por lo que pase, en parte porque el bochornoso espectáculo ha tenido dos actores principales en escena y sabes bien cuáles han sido.

Si eliges dignidad también es comprensible. Al fin y al cabo que dos enemigos íntimos estén gobernando juntos es a todas luces un camino con final poco prometedor, pero que sea sabiendo lo que supone, lo que gana Sánchez con ello (no sería la primera vez) y que conlleva un obligado paso a segunda fila que podría ser además de forma poco agradable tras el sufrimiento electoral.

Demostrar lo que dice ser Podemos, en un escenario como este, requiere de ciertos sacrificios y este en concreto no es tal o desde luego no tan elevado como vuestras declaraciones tratan de mostrar. No es decir sí a todo, no es callar para siempre por un puesto, no es una condena por ir en una lista. Eso sí es una cuestión de dignidad pura y dura.

Lo de ahora es aprovechar la oportunidad de estar en el Gobierno con voz propia y lo seguirá siendo por mucho que se incida en que podría ser mejor.

Claro, eso siempre.

 

 

Foto de La Moncloa. Gobierno de España
https://www.flickr.com/photos/lamoncloa_gob_es/47745462802
Imagen no modificada.

Vinimos por el peor camino

Seguro que lo recuerdan. Cuando todas las formas empezaron a desaparecer.

Entonces era crispación. La palabra de moda, la más utilizada, la clave de todas las tertulias. Y tenía un nombre que destacaba sobre todos; Jimenez Losantos.

Por aquel entonces se pasó de hacer críticas duras a insultos burdos, gracietas y a llenar la política de apodos hirientes. Bambi, Maricomplejines,…

De ahí la cosa fue subiendo y no precisamente de nivel. Mientras Federico seguía ampliando su diccionario de insultos la sociedad se crispaba cada vez más, polarizándose más visceral que ideológicamente.

De golpe, ya no estábamos en desacuerdo, directamente odiábamos. En los platós se abucheaba al tertuliano de un lado y otro y -dependiendo del programa- hasta se le insultaba desde el público mientras hablaba (créanme).

De las opiniones pasamos a los “zascas”, a la humillación, a los titulares en los que alguien “destrozaba” al otro. Entre medias Twitter, claro.

Con todo revuelto llega el esplendor de los casos de corrupción en España, con escándalos diarios y de ahí pasamos al 15M (¿Alguien lo recuerda?) donde la distancia se abre al máximo, “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”.

Podríamos decir que todos estábamos enfadados con todos. Mucho y de forma muy intensa.

Y llega Podemos. Nos explica que el problema es que en realidad esto es una batalla entre los de arriba y los de abajo. Nos dicen que la derecha es mala, claro, pero que el PSOE también, porque “PSOE y PP, la misma mierda es”.

No era perfecto el PSOE, desde luego, así que un incipiente Pablo Iglesias lo pone en su diana diaria y contra él dispara sus ataques; “No están en los desahucios”, “El PSOE envía a la policía contra la gente de la PAH”, “al que practica la política le tiene que afectar algo”, “Les da igual que haya sanidad mejor o peor”, “El PSOE vive en los Consejos de Administración”, “El PSOE hace recortes porque no les afectan”, “Ya me dirás lo que sufre Rubalcaba”, “No pasa nada por romper una vitrina de un McDonalds”... Seguro que les vienen a la cabeza algunos reproches más.

El PSOE pasó a ser tan malo como el PP, porque todos eran casta frente a “la gente normal”.

De tal forma que ya no sólo estábamos enfrentados los de izquierdas con los de derechas sino que además había que saber quién era de los de arriba para odiarle. Vertical y horizontalmente pasamos a estar todos enfrentados.

Fue hace muy poco cuando llegamos al punto más alto de enfrentamiento, cuando generamos tanto odio, tantos cordones sanitarios, tantos enemigos, tantos fascistas, tantos perroflautas, tantos bolivarianos, batasunos, franquistas, filoetarras,…

Mientras, el Parlamento se fragmentaba con los nuevos partidos, llevándonos irremediablemente a la situación actual. Desaparecen las mayorías absolutas, nuevos partidos entran en las Cortes y parlamentariamente están forzados a llegar a unos acuerdos justo cuando más se odian, desprecian e insultan entre ellos.

Elecciones, repetición de elecciones, moción de censura, elecciones, repeti… Gobierno de Cooperación, Coalición, elecciones.

Resulta que no hay más remedio que pactar. Pero es ciertamente difícil hacerlo con quien hacías responsable de todos los males apenas diez días antes. A izquierda y derecha, que este desastre está muy repartido.

Ciudadanos no adelanta al PP, VOX no lo remata y Podemos se desinfla ante la centenaria maquinaria socialista. Difícil pacto en la Comunidad de Madrid o Murcia, para tesis doctoral la Presidencia del Gobierno.

Pablo Iglesias quiere ministerios. Porque no se fía del PSOE. El PSOE no se fía de Podemos, entre otras cosas, porque para qué quiere ministerios. Los dos llevan años insultándose, incluso seguían haciéndolo cuando la realidad les mostraba la necesidad de entenderse. Bueno, lo siguen haciendo ahora después de cada reunión privada (esas que iban a desaparecer) en la que supuestamente están negociando.

Van a pasar años y muchos sapos van a tener que ser tragados hasta que aprendamos a pactar. Ayudaría mucho que los que pactaran hoy no fueran los mismos que se insultaban ayer. Es difícil que Rivera llegue a acuerdos con Sánchez, como que este último lo haga con Casado. No les digo nada de Iglesias con el resto.

Si se fueran los que nos han traído hasta aquí, tras agradecerles sus servicios, sería más fácil que el relevo continuara la marcha.

Eso, o volveremos a lo de antes, porque lo que es incompatible poco dura. O nos odiamos todos y se reparte al 50% en un bipartidismo tradicional o empezamos a entendernos y salvamos de la desaparición a este nuevo escenario de más partidos, más pluralidad y más debate.

Que los que mandan elijan, o elegiremos nosotros (entre las pocas opciones que nos queden).

 

Lo mezclamos todo

Y lo hacemos mal.

Fue inútil advertir que estas Elecciones Municipales eran municipales y no Generales. Se veía venir, de lejos, pero caímos de lleno en el error.

Tratamos de corregirlo, especialmente allí donde hemos podido colaborar y asesorar, pero la avalancha superó toda expectativa y un mes después, se votó lo que se había ya votado.

El error no acaba ahí, sigue con los pactos. Los partidos tratan de hacer grandes acuerdos que incluyan gobiernos negociados por “packs”. 20 alcaldías por un lado a cambio de otras 10 de más peso y presupuesto.

Hasta se negocian municipios a cambio de Comunidades, Diputaciones, etc. Como si fueran intercambiables, como si diera lo mismo todo porque sólo se mide en cantidad.

¿Resultado? Amenazas de mociones de censura a las 24h de formar gobiernos. Es de récord.

Además, este desastre en la negociaciones tiene un ingrediente extra que termina de convertir la política local en un destino de dimensiones épicas; los odios viscerales.

Esos que no tienen sentido, ni razón o motivo pausado y meditado.

Bildu es ETA, VOX es facha, Cs es colaboracionista de los fachas, el PSOE un aliado del comunismo etarra y el PP blanqueadores de los fachas. Así todos los días.

Y del nivel general se traspasa tal cual al municipio. A esos municipios donde la gente ha votado más por la persona que por el partido.

Igual les parece raro que lo escriba, pero si pudiera hacer una lista abierta de personas para que gobiernen mi municipio habría del PSOE, de Podemos, de Ciudadanos y hasta del PP o VOX.

Acusar a un partido que pacta con uno o con otro en un municipio, sin saber siquiera qué municipio es, no es más que un reduccionismo al absurdo.

Prefiero la altura de miras de Valls, fíjense, que no puede haber dejado más claro a Colau el motivo de que fuera ella la votada, con el fiel reflejo en la plaza donde tomaba la vara de mando.

Tal es la mezcla caótica, que el Gobierno de la Comunidad de Madrid depende del cumplimiento de un pacto en el Ayuntamiento de Madrid. Un pacto secreto, tanto, que revelarlo se usa como amenaza. Es un buen resumen…

Cada elección es diferente, cada municipio igual. La política está para que en ella exista toda posibilidad, hablando. “No se firma la paz con los amigos, se firma con los enemigos”, es una frase que se repite varias veces en una conocida serie y es cierta.

Que Podemos llegue a un acuerdo con VOX no tiene que ser necesariamente una mala noticia, puede ser más bien lo contrario. Forzosamente debe haber espacios comunes, de acuerdo, de mejora de una calle, de instalación de un parque nuevo, de solicitar un nuevo centro de salud.

A nivel municipal eso es lo que importa, aunque ahora es lo que menos está importando.

Si me lo permiten, como votante, valoraré los pactos por los resultados que hayan tenido, no por el hecho de que se hayan producido.

 

 

 

De nuevo, bipartidismo

La política rara vez es justa. Ni internamente, ni en los procesos electorales.

¿Recuerdan a Tomás Gómez enfrentándose a la privatización del servicio de lavandería de los hospitales públicos? Pues lo hizo, en incontables ocasiones, en los propios hospitales. Entonces ni caso, hoy, en cambio, los medios se escandalizan por los resultados de aquello. La privatización siguió, Tomás Gómez no.

Pero este recuerdo, casi melancólico, es una pequeña anécdota de esas injusticias que tienen muchas más vertientes.  Por ejemplo, estas últimas elecciones municipales han sido muy injustas con los partidos locales.

Partidos centrados en mejorar su municipio, sin más aspiraciones que sus barrios, sus vecinos. Son probablemente la mejor opción para un municipio (seguro que hay alguna excepción) y lo digo con conocimiento de causa. He trabajado con muchos de ellos, tengo grandes amigos que se desviven por su pueblo, que dedican horas desinteresadamente por mejorar sus calles y que están fuera de las guerras políticas porque su único interés es hacer las cosas bien.

Lo lógico, coincidirán conmigo, es que nada mejor para un municipio que ser gobernado por quienes se van a dedicar en cuerpo y alma a mejorarlo porque no tienen intención alguna en “ir subiendo” en el partido.

Pues no ha sido así. Han resistido, sí, pero su representación se ha visto muy reducida por una tendencia que está resurgiendo.

Vuelve el bipartidismo.

Probablemente no sea tan puro como el que veníamos teniendo hasta el 15M (qué recuerdos) pero vuelve. En el espacio de la izquierda Podemos no ha logrado configurar un espacio propio mayor que aquel que ya tuvo IU en sus buenos momentos y a la derecha -ciertamente ahora más fragmentada- se empieza a notar la debilidad electoral de VOX al no haber logrado hacer el sorpasso al PP en “provincias”.

No se ha conseguido romper el bipartidismo en aquellas circunscripciones donde se reparten dos, tres o cuatro diputados. Y si estuvo en algún momento un poco amenazado ya nada queda. El peor PP ha resistido, únicamente superado por el PSOE.

Habrá más diversidad en las ciudades, al menos durante un tiempo, pero más allá de las grandes zonas urbanas PP y PSOE copan toda representación posible.

El votante es muy injusto y busca seguridad. Durante unos años llegó a estar tan harto que se olvidó de sus miedos e hizo temblar el turno pacífico, pero aquello pasó. La oportunidad se va cerrando cada vez más y -olvidada la corrupción- vuelve a crecer el PSOE y no tardará en recuperarse el PP.

Al fin y al cabo tienen una solidez estructural inmensa, la memoria del votante es absolutamente reducida y su capacidad de perdón infinita.

No me olvido de Ciudadanos. Puede hacer que esta vuelta al bipartidismo sea más lenta y menos profunda. O puede ir diluyéndose si el votante empieza a dudar de su utilidad, de su capacidad de inclinar la balanza hacia ambos lados en vez de hacia el mismo siempre.

Seguimos lejos de las mayorías absolutas, pero veremos subir los porcentajes de voto de PP y PSOE cada vez más, y más, y más…

Así no se puede, Podemos

Se dijo que los nuevos partidos envejecían demasiado rápido y había algo de cierto en ello.

En el caso de Podemos el envejecimiento, mas que prematuro, era esencial. Iba en su propia construcción. El planteamiento de un partido abierto, en círculos, de abajo a arriba -de existir- apenas duro unos meses frente al liderazgo ilimitado de Pablo Iglesias.

Sobre él se construyó la dirección, el partido, los Congresos, las papeletas, las campañas y el relato. Los círculos daban vueltas mientras él dirigía.

En campaña funciona, al menos durante unas pocas campañas. Una figura potente, mediática y con un discurso interesante al espectador/votante resulta crucial en estos tiempos.

El riesgo es quedarse en esa construcción y no ampliar la base. Es una columna muy sólida, pero una pata no sostiene una mesa si lo que la rodea empieza a moverse, soplar viento y la empujan con un poco, tan solo un poco, de fuerza.

Sin escuderos con espacio para crecer, alianzas más solidas y coherentes y concentrando una y otra vez todo el discurso, el espacio y los errores, lo que estamos viendo era inevitable.

Cuando cae su relato cae el del partido, justo cuando no quedaba nadie para construir uno nuevo. Cae, además, en periodo electoral. Y no hay más, porque se le dijo al votante que todo era Pablo Iglesias.

Para colmo, quedan los muy fieles. Un mal común en los partidos “viejos”. Quedan los que quedan, que ya dice mucho.

Son normalmente los más fieros con cualquier posible crítica (no la hicieron en su momento, no la van a hacer ahora) y los máximos defensores del líder, haga lo que haga. Los enemigos son todos los demás y no dudan en sucumbir a la máxima de la derrota; “si tanto quieren a nuestro líder fuera, es que es el mejor”. “Pues que se lo queden”, responden los votantes a gritos en las urnas.

Pasó como el más moderado en el debate. Ni más ni menos que el más moderado, con lo que había sido. Le dejaron que lo fuera, le sabían irrelevante. Nadie ataca al que nada aporta, pero no lo vio entonces, porque sólo escuchó que había ganado el debate. Lo ganó, básicamente porque al resto le importaba poco que lo hiciera, pues bastante centrados estaban en que no lo ganara quien sí les podía perjudicar.

Pablo Iglesias no supo irse, ni ahora saben cómo quitarle. Los que quedan no quieren hacerlo y los que sí quieren ya están fuera.

La pena es que Podemos era mucho y podía ser mucho más. Iglesias logró que incluso quienes poco confiábamos en él, admirásemos su capacidad de convencer al votante aún sin entender que fuera posible. Abrió una ventana de oportunidad enorme que se quedó completamente solo sujetándola. Y se la van cerrando, claro. Porque menudo es el PSOE para cerrar ventanas ajenas.

Poca solución queda, pues el problema no es envejecer rápido, sino hacerlo mal.

Mientras, sus militantes seguirán empeñados en que “son los poderes económicos, mediáticos, las cloacas o incluso las tropas imperiales” los que están acabando con Iglesias, sin ver que son sus votantes los que se han ido. Porque las cloacas no le votaron, ni los poderosos, pero los demás sí. Y ya no.

 

PD. Como ven, es posible describir los problemas  de Podemos sin siquiera hablar de Galapagar, porque desgraciadamente es una cuestión de fondo, que supera las formas (y eso que las formas dan para un hundimiento en sí mismo)

¿Y los jóvenes, qué?

No es una encuesta, no verán porcentajes, ni estimación de escaños, ni va ganando uno u otro.

Las conclusiones que se exponen de manera sintetizada a continuación son el resultado de un trabajo de campo cualitativo realizado a lo largo de tres semanas en 8 provincias españolas conversando con más de 1.500 jóvenes de entre 18 y 30 años.

La información se ha extraído de conversaciones espontáneas, en sus propios grupos de amigos y en sus espacios (Universidades públicas, terrazas, bares y parques). Son respuestas no dirigidas ante preguntas no relacionadas de manera directa.

Se ha valorado la información obtenida sobre percepciones electorales, posicionamiento y definición política ante las Elecciones Generales del 28A.

Conclusiones más relevantes:

  • Se ha podido comprobar un patrón de voto que se repite de forma significativa:

-Van a votar a VOX (Expresado de forma nítida y significativamente elevada)

-Van a votar contra VOX (Temen la aparición y subida del partido de Abascal como algo real ante lo que deben actuar)

-Van a votar a PACMA (Más allá de la dualidad anterior)

  • El votante de VOX es un votante/militante. Es decir, no es un joven “de derechas” que duda entre PP, Cs o VOX. Es alguien convencido de ser y votar a VOX por motivos “fundamentales”. Ejerce liderazgo entre su grupo de amigos, es extrovertido, el primer en hablar, disfruta del debate y proclama su voto porque se siente respaldado por su entorno para hacerlo. No es una voz minoritaria ni contestataria con el grupo, es la predominante en su grupo.
  • El votante que reacciona ante VOX no quiere que se disperse el voto. Se decanta por el PSOE por descarte, no por ilusión o interés real. Votarán al PSOE para que no gane VOX, partido del que hablan con expresiones vinculadas a “temor”, especialmente en el caso de las mujeres. Saben, por su entorno, que el votante de VOX no es nada minoritario.
  • El votante “Contra VOX” está decepcionado con Podemos. No ve que sea útil votarles. Es la segunda opción para aquellos que por algún motivo no van a votar al PSOE ni quieren a VOX pero significativamente minoritario (excepto en provincias como Alicante, Pontevedra,…)
  • Otro problema fundamental para Podemos es que el votante de izquierdas no está preocupado (en estas elecciones) por “parar a los bancos” o “parar a los poderes económicos ocultos”. Lo que quieres es parar a VOX, y para eso funciona mejor el PSOE, básicamente porque el discurso de Podemos no encaja en su preocupación Nº1
  • Es cierto también que no hay posicionamiento claro en favor o en contra de Pedro Sánchez/PSOE. No surge de manera espontánea defensa de nada “hecho” por el Gobierno ni crítica (por parte de los votantes de izquierdas). “Hay que votar al PSOE, visto lo visto” es el argumento con el que justifican el cierre de su voto.
  • Cs no aparece como actor político entre los jóvenes. No quiere decir que no tenga votantes, pero no forma parte del debate, no genera interés, no esta en juego ni provoca defensas o críticas emocionales.
  • El votante de PACMA es joven, en muchos casos va a ir a votar por primera vez y se decanta por esa opción precisamente para evitar entrar en la dicotomía mayoritaria. Es un votante que dice en alto su voto, realmente decidido, que apenas sufre desgaste por voto útil hacia el PSOE. Los jóvenes valoran lo sencillo y claro de su mensaje aunque critican, eso sí, que ha aumentado su “radicalidad”.
  • Apenas hay menciones a la situación económica o laboral. Sí a la defensa de derechos (Por un lado) y a la defensa de España (por otro)
  • Resulta muy difícil tratar de extraer un estereotipo del votante joven de VOX atendiendo a los habituales parámetros de imagen. Lo mismo va con camisa y náuticos (los menos) que están tomando botellines, fumando porros y con camiseta y vaqueros (los más).
  • Hay un número muy relevante de jóvenes (de izquierdas) con derecho a voto que, queriendo votar, no saben por quién hacerlo. Son un grupo que no quiere que gane VOX, pero para quienes ese único argumento -todavía- no les ha llevado a definir su voto. De manera indirecta expresan que “al final habrá que hacerlo (En referencia a PSOE o Podemos)” pero en cierto modo se resisten, esperando que de alguna manera aparezcan posibilidades mejores.

El posicionamiento “contra VOX” es especialmente significativo entre las mujeres y se refieren a dicho partido en numerosas ocasiones con expresiones de temor real “nos van a fundir”, “van a acabar con todo”, “como ganen, estamos jo***as”, etc

Por el contrario las mujeres de derechas se ubican más en una posición cercana al PP en edades más elevadas (cerca de los 30) mientras que las más jóvenes (en el espectro ideológico de la derecha) comparten grupo de amigos, charla y debate con VOX. Si bien es cierto que de manera pública no mencionan su apoyo a VOX de forma tan abierta como sus compañeros masculinos, no se sienten incómodas con verles defender las propuestas de VOX aunque se mantienen en silencio y eluden el debate si te trata de conocer más su opinión.

 

Conclusiones asociadas:

  • El desconocimiento sobre el sistema electoral es enorme. Apenas se entiende lo que significa la circunscripción, a quién votan, que lista tendrán en su provincia, cómo se va a repartir cada escaño. Queda simplificado a que “cuantos menos partidos haya, mejor”.
  • Por sorprendente que pueda parecer, hay una confusión más que relevante sobre qué elecciones son las siguientes.
  • El debate sobre las armas propuesto por VOX no ha sido positivo para ellos y apenas ha tenido repercusión entre sus votantes.
  • De manera general tienen el sistema democrático perfectamente asumido, a pesar de la voluntad de concentrar el voto ven bien que más partidos se presenten.

 

Consideraciones finales:

¿Significa esto que VOX va a ganar las Generales? NO

¿Significa esto que el PP no existe? NO

¿Significa esto que el PSOE logrará la victoria aplastante? NO

Son consideraciones cualitativas. Surgen de la conversación, del debate, de lo que comentan. Cualquier intento de extrapolar a términos cuantitativos lo aquí expuesto corre enorme riesgo de error.

El valor de estas consideraciones y conclusiones son de fondo. ¿Qué se debate? ¿Qué está moviendo hacia un voto u otro? ¿Qué significa para los jóvenes un partido u otro? ¿Qué determinará su decisión final ante la urna?

Se trata del valor del mensaje, de lo que está llegando, de lo que no, de lo que está en la agenda, de lo que no parece que vaya a estar, de lo relevante, de lo que está en la opinión diaria.

Que no es poco…

Háblame de proyectos

Desayunamos estos días con numerosas encuestas. La más reciente la de Metroscopia para El País.

No es que haya que volverse loco con los resultados y tomárselos demasiado en serio (palabra de Sociólogo), pero estas encuestas sin elecciones a la vista tienen sus interés en si nos fijamos en las tendencias y en aquellas preguntas más cualitativas.

En todo caso un apunte: Decir que en España estamos en un momento en el que no hay elecciones cerca es demasiado arriesgado. La inestabilidad política es grande, la dificultad en ayuntamientos, comunidades y a nivel estatal para aprobar leyes tan importantes como los Presupuestos pone de manifiesto que la amenaza de un adelanto electoral está siempre presente. Y eso el votante lo sabe. Por no entrar a valorar cómo estas encuestas, además, pueden favorecer esos adelantos, entorpecer negociaciones…

Pero volvamos. Quedarse obsesionado con un porcentaje de votos de una encuesta telefónica es tan inútil para los partidos que cuesta entender que dediquen a ello tantos esfuerzos. Cierto que de ese porcentaje dependen los cargos, los boletines oficiales que se puedan controlar y los presupuestos que queden bajo sus siglas, pero para revertir la situación cuando esos datos son malos a lo que se debe prestar atención es al fondo.

En la encuesta de Metroscopia a la que hacíamos referencia, por ejemplo, señala que una de las mayores debilidades del PSOE ahora es una grave falta de proyecto. Esa falta de proyecto provoca que muchos de sus votantes pasen a Ciudadanos, a un ritmo mayor de lo que ellos recuperan votantes de Podemos. Según esta encuesta, llegan 300.000 nuevos votantes de Podemos pero pierden 900.000 hacia Ciudadanos. El saldo, para un partido que lleva varias elecciones bajando, es de -600.000 votos. Un dato que debería helar la sangre en Ferraz.

Sobre todo por lo que significa. Si hacemos la búsqueda más sencilla en Google poniendo “Proyecto político Ciudadanos” el primer resultado es una página de ese propio partido dedicada a explicar precisamente eso. Si hacemos lo mismo con el PSOE, las primeras referencias son a su programa electoral y a un PDF con el proyecto político de José Antonio Carrasco para mejorar Ceuta.

Sin dudar de la importancia del proyecto para Ceuta, sorprende que encontremos antes esta información que las propuestas del partido. Es cierto que el primer resultado sí se refiere al PSOE a nivel nacional, pero enlazando al programa electoral y, recordemos, se supone que no estamos en elecciones.

También resulta relevante la distinción que supone presentar un proyecto político frente a un programa electoral. ¿Qué preferirían leer ustedes…?

Esto, en cualquier caso, es simbólico. Cierto que resulta significativo, pero obviamente no hay masas de españoles buscando en Google los proyectos de cada partido. Estos se definen más por la prensa, las declaraciones y la labor parlamentaria.

Y en ese campo, en el de los medios, estamos ante un gran desierto político. Intenten hacer un juego mientras leen este artículo. Piensen en lo que ustedes saben de Ciudadanos. Lo primero que les vendrá a la cabeza es Cataluña. Ahí son firmes, sin cesiones. Si siguen pensando llegarán a una idea de bajos tipos impositivos, de buena relación empresarial. Dando un poco más de rato para pensar igual nos acordamos de que quieren reformar cosas como el sistema electoral, algunas administraciones…. y poco más.

¿Es eso un proyecto de país? Difícilmente, pero con eso vamos a votar.

Y ese proyecto, tan escaso, es el que está ganando el discurso. Con tan poco, tanto. Ese es el drama para PP, PSOE y Podemos. No les está ganando Mandela, ni Obama, ni Mujica, les está ganando Rivera que, permítanme decir, no está a la altura de los tres citados anteriormente por muy buenas cualidades políticas que posea y que efectivamente tiene.

El PP podrá agarrarse a la gestión, pero cada vez retiene menos votos. PSOE y Podemos lo tienen más complicado, aunque estos últimos, al menos, saben que su espacio está sí o sí a la izquierda.

Pedro Sánchez en cambio todavía no se ha decidido si ir a la izquierda o al centro. No creen en la independencia de Cataluña pero hay días que habla de la plurinacionalidad, de los estados federales y de otras ideas que, si bien es cierto que ayudarían a un debate sosegado, no pueden competir en un escenario de gran polarización y tensión.

Las últimas semanas se ha agarrado a las pensiones.  Sabemos que el PSOE quiere mantenerlas, incrementarlas y hacerlas maravillosas, pero no sabemos cómo. Lo que envía a la ciudadanía es que con el PP las pensiones están en peligro, cosa que puede hasta ser plenamente compartida por una mayoría de españoles, pero sin ofrecer una respuesta que les diferencie. Por eso sufre también en ese tema el PSOE, pues hay bastante consenso en que las actuales pensiones son difíciles de mantener, una batalla de la izquierda que -injustamente- ya se ha perdido hace tiempo.

Para Podemos el problema es simplemente un estrechamiento cada vez mayor de lo que es la izquierda electoral en España. La masa de votantes que algunos llaman “de centro” y que en realidad son millones de votos que simplemente se mueven con más facilidad que el resto entre partidos están ahora mismo escorados a la derecha. Se mueven con el pulso de la sociedad y en estos momentos no hay un debate que la izquierda esté siendo capaz de capitalizar.

Cataluña no le hace ningún bien a la izquierda, que se asfixia entre la defensa del derecho a decidir, el valor de las urnas, la democracia, etc. y su batalla lógica contra cualquier nacionalismo con el que no pueden ser compatibles por su propia esencia.

Perseguir el fraude fiscal suena bien, pero difícilmente ese agujero pueda tapar todos los demás. Lo de los impuestos a la banca también levanta auditorios, pero quienes fueron rescatadas fueron las cajas, los bancos poco o nada. El ciudadano sabe, además, que cualquier impuesto que se le ponga a la banca lo acabará pagando él.

Así, el votante de izquierdas en España se desdibuja sociológicamente. Queda un perfil cada vez más apasionado, cargado de razón, pero sin respaldo social y por otra parte una masa de votantes más adaptados al status quo que no encuentra motivación por seguir prestándoles su voto a los actuales partidos de izquierda.

Cuando hablo de votante apasionado cargado de razón lo hago para señalar que no es una radicalización ideológica hacia posiciones extremas en la izquierda (que también hay) sino hacia temas en los que lógicamente un perfil de izquierdas se siente claramente interpelado como es la inmigración, las guerras, los refugiados, el feminismo, el trato animal, etc. Temas que para ellos sí determinan su voto frente a otros votantes de izquierdas -que ahora son mayoría- para los que esos temas son relevantes, sí, pero no como para definir exclusivamente su voto por ellos.

Así, la radiografía -rápida- del votante que está perdiendo PSOE y Podemos sería algo así como un ciudadano comprometido por temas sociales pero sin voluntad alguna de participar activamente en una revolución social, con profundas creencias en el valor de lo público pero en convivencia con los sistemas privados y que se considera ciudadano del mundo, pero nacionalismos los justos.

Ese votante querría cambiar las cosas, pero hay que ponérselo fácil. Habrá quienes voten a la izquierda sólo por lo malo que es el PP, pero ahora la competencia es mayor y Ciudadanos, por mucho que lo repitan PSOE y Podemos, no es lo mismo que el PP.

No es lo mismo en cuanto a percepción social y mediática. Comparten -al menos en sus programas- buena parte de la carga ideológica- pero también confianza en su capacidad de gestión. El buen gestor se valora mucho electoralmente en España y más si para votarle no hay que mirar a otro lado para no ver la corrupción.

Vamos terminando ya. PSOE y Podemos (lo que podríamos llamar la izquierda en España) no tienen campo propio ni hacen por crearlo. La desesperación por tratar de controlar algo la agenda les hace, además,  mostrarse más radicales de lo que quieren ser, forzando debates en los que podrían ganar apoyos de tener tiempo, espacio y medios para explicarse, pero que la actualidad los devora hasta hacerlos insignificantes y por lo tanto dañinos para ellos. Sirva de ejemplo el uso del término “Portavozas”.

El resto del tiempo van a remolque y para colmo en temas en los que ni siquiera han sabido definirse. Por hacer una analogía más visual podríamos decir que salen a la arena del Coliseo a luchar sin saber si son mejores con la espada, con el arco o con la maza. Al final acaban dando con todo a la vez y el espectador no sabe a qué lucha. Lógicamente, acaba ganando el león, que sabe a lo que ha salido.

Votar es fácil, saber a quién votar es muy difícil. Ciudadanos y PP tratan de ponerlo lo más fácil posible, lo más predecible, lo más obvio y pasional. La izquierda ganaba a eso con lo emocional, lo sentimental y lo utópico (recordemos esos temas antes mencionados de los votantes de izquierda apasionados). Competían bien con la derecha cuando -simplificándolo mucho- hacían elegir al elector entre votar con el corazón o con la cartera.

Pero ya ni eso. La izquierda hoy en España ni emociona, ni apasiona ni mucho menos te hace soñar con una utopía porque es incapaz de definirla. Fíjense que por no atreverse, no se atreve ni a prometer la nacionalización de sectores estratégicos como la electricidad o el gas. Y bueno, sin llegar a tanto, vean que ni siquiera hablan de un modelo en el que empresas públicas puedan competir para garantizar calefacción y luz más barata.

Al final, si no proponen algo diferente, ganará lo de siempre.