Desapareció

Por fin encontró la manera de ser invisible.

Seguía sin ser una misión sencilla, debía dejar muchas cosas atrás, pero la oportunidad merecía la pena.

Lo descubrió casi sin querer, con un cambio del algoritmo de Facebook. Algo provocó que sus amigos dejaran de ver sus publicaciones. Pasó de superar siempre los cincuenta “me gusta” a no pasar de un par de ellos.

Al principio le molestó y le entristeció. Se iba la fama, la repercusión, su supuesta importancia en el mundo. De golpe ya nadie veía -o a nadie le importaban- sus publicaciones, sus disertaciones sobre la política o sus chistes gráficos. Nada.

De la angustia pasó a la irremediable aceptación y de ahí a ver la oportunidad esperada.

Aquel sueño infantil que la madurez le había hecho olvidar estaba ante sí, a escasos golpes de ratón.

Desapareció de Facebook, cerró Instagram, olvidó Twitter. Le costó, física y emocionalmente, sacar su SIM del iPhone para volver a meterla en un viejo Nokia.

A la semana dejó también ese móvil en un cajón. Desenchufó el router de casa y desconectó el fijo.

Al mes nadie sabía que seguía existiendo. Le seguían viendo por la calle, pero ya solo tenía un nombre, vacío de cualquier identidad. No era nadie, nadie sabía qué hacía, dónde estaba ni qué deseaba comprar.

Se volvió invisible para Google, para Amazon, para Facebook. Apple no pudo seguir rastreando sus movimientos.

Los nuevos ojos, los que hoy son capaces de ver, eran incapaces de encontrarle.

Desapareció.

Un comentario sobre “Desapareció

  1. Partiendo de la base de que las RRSS cubren una necesidad humana, que no es más que la de lucir y hacer visibles cosas de nuestra vida. Creo sinceramente que estar en contacto con la realidad de forma sensata y sin llevarla al extremo no es nada malo. Sin embargo vivir dentro de una burbuja y no exponerse a nada nos hace creer que somos más felices de igual forma, por esta misma razón, una persona también puede ser más feliz sin leer prensa, escuchar radio o ver el informativo de la televisión para no enterarse de las desgracias que suceden.
    Las RRSS son una ventana al mundo, con todos los riesgos que eso también conlleva, y tienen el enorme valor de conectar a las personas y hacer que, en muchos casos, se sientan más cerca y muchos otros casos puedan dar a conocer potenciales que de no ser por su exposición en las mismas nunca hubiesen sido descubiertos. Lo ideal no sería romper del todo con ellas sino encontrar un equilibrio.
    Cada vez hay más gente que se da cuenta de que Internet no es la solución a sus problemas, sino que en muchos casos es un problema más, sobretodo en casos de violencia de género, acoso escolar…y es precisamente en ese instante (motivado por estos factores, o no) cuando aparece el momento de ruptura con las RRSS o también en muchos otros casos, esa “ruptura” es motivada por el aburrimiento, la falta de interés, la ansiedad por controlarlo todo y la soledad. A pesar de la falsa apariencia de felicidad que se escenifica en las RRSS, generan una desconexión emocional que hace que no encontremos sentido a estar conectado.
    No puede ser que estemos cien por cien disponibles para nadie, por eso creo fielmente que vivimos mejor sin la última hora de conexión de whatsapp, sin confirmaciones de lectura y sin notificaciones de las app. Pero entre el blanco y el negro, cada uno debería ser capaz de encontrar el punto gris que más le conviene.

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