Escribir

Escribía con gritos en forma de coro constante. Imposible acallarlos, suavizarlos, moderarlos.

Haber puesto el ordenador al lado de la televisión que tiene la Play no había sido buena idea, al menos esa tarde. Igual el fallo era suyo, por tratar de escribir cuando se juega. Recordó aquello de que tampoco se debía trabajar cuando se bebía.

Igual esa era la mejor salida. Una cerveza y a esconderse al cuarto. Pero las cervezas saben bien al sol, en verano. O en un día de nieve, pero bien abrigado, con guantes. En casa, solo, era una bebida demasiado fría. Para una copa mejor esperar un rato más.

La pelea estaba perdida. Le ganaban a ruido y hasta en número. Dos contra uno y con más energía y volumen de voz del que ni cabreado podría igualar.

Aún así se mantuvo firme, tecleando. Repasaba cada frase escrita para revertir las letras que había pulsado en orden incorrecto, para añadir las que se había comido y para volver a construir las frases inconexas, fruto de la nula posibilidad de concentración.

A la vez llegaban mensajes por Telegram, Whastapp y hasta por Facebook. Todos los que no habían llegado mientras estaba tirado en el sofá hacía apenas cuarenta minutos, cuando hubiera podido disfrutar respondiéndolos.

A pesar de ello siguió escribiendo, hasta que decidió, él, cuando debía poner el último punto.

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