Peleado

Menuda batalla de año. De la soberbia de ver a China sufrir de lejos, de creernos mejores, a comernos todos nuestros fallos.

Uno a uno hemos pagado cada recorte, cada político votado por menos malo, haber dado alas a los radicales y lamentado cada euro quitado de ciencia e investigación.

A pesar de eso, estamos cerca de superarlo. Bancarrota de por medio, negocios cerrados, persianas bajadas, empleos perdidos y un país que debe más de lo que tiene pero habiendo logrado una vacuna que nos ha recordado lo importante y que, de paso, ha demostrado lo realmente útil que es la investigación…y la Unión Europea.

De aprender algo, saldríamos sin duda mucho mejores. Basta con ver lo que ha funcionado y lo que no. Ver la eficiencia de Europa, la inversión pública para las vacunas, la importancia de simplificar la burocracia, la necesidad de políticos que por unos días se olvidan de las siguientes elecciones, una garantía social para que ninguna vida quiebre…

Eso como sociedad. A nivel individual hay enseñanzas más profundas, de las que Pixar usará en guiones de películas. Porque casi todo es menos importante y no tiene sentido que compliquemos las cosas para que así lo parezcan. Hay que ser menos importantes y así muchas cosas también dejarán de serlo.

Esenciales son en realidad pocas cosas. El que haya querido verlo, esta pandemia se lo ha puesto en bandeja. El resto es momentáneo. Nos obstinamos en complicar demasiado una vida que en realidad bastaría con ser disfrutada.

Estamos tan equivocados que el que disfruta parece menos importante que el que trabaja 12 horas al día. Mira que somos tontos empeñados en medir el cuánto en vez de el qué.

Menos, mucho menos. Tal vez esta sea, además, una vacuna que nos desintoxique de querer más… a fuerza de no poder tenerlo.

Lento, mucho más lento. Qué ganas de correr cuando solo tenemos una vida.