Coronagrinch

Nos quejamos mucho de la Navidad, del cuñado, de la cena, de las compras, de las luces, del gasto, de recoger, de los anuncios de colonia, del precio de la comida, de los regalos, de las obligaciones, de los villancicos,…

Pero luego resulta que nos arreglamos para esa cena, que aprovechamos las compras para ver -sin querer- las calles iluminadas, como mirándolas por encima del hombro, y nos encontramos tarareando a Michael Bublé o a Mariah Carey hasta terminar imitando a Rapahel.

En secreto, pero nos acaba gustando. Como nos acaba interesando esa colonia, casi por pura insistencia y porque queremos vernos junto a los demás.

En verano se presume de estar lejos y solo, si es en una isla privada más perdida que la de Lost, mejor. En invierno de estar cerca y muy acompañado. Aunque solo sea para lucir fotos en redes, necesitamos un poco de compañía, de rojo, de luces y de Navidad.

No es grave, es que somos sociales. Inevitablemente sociales. Incluso los que lo son menos.

Por eso, a pesar de las bromas, los memes y las bravuconadas solitarias, nos afecta que el bicho de las narices esté poniendo en riesgo esa cena familiar, ese encuentro, esa tradición. No es fácil crear una, se necesitan años para que seres desperdigados por el mundo sepan que deben ir a casa de la abuela a las 17:00 del 24 de diciembre, pase lo que pase. Eso se construye año a año y lo amenaza el Grinch verde.

Lo poco que le queda al mundo de magia se concentra en estas fechas. Es de lo poco intenso que queda, lo poco que logra que llores viendo una película mala, de niños que logran que sus padres vuelvan a creer gracias a un milagro navideño basado en la bondad humana.

Y claro, de bondad humana y de buenas noticias vamos escasos y no tiene pinta de que el guionista de este tortuoso año haya guardado una traca final de luces y alegría con regalos para todos.

Perder la Navidad, por poco que sea, afecta más de lo que podamos pensar.

Se me ocurre que cuidemos cada gesto porque un poco, cuando no hay casi nada, hace mucho. No sé qué significa exactamente eso, pero tal vez sea doblar un poco la carga de bondad que podemos ofrecer. Podría funcionar.