Desayuno (¿?)

Un desayuno lento, tras un despertar en fases. No queriendo abrir los ojos, luchando por sentir sólo con las yemas de los dedos la compañía bajo el edredón.

Es una mañana de resaca de fiesta, tras una noche de brindis con sus cuerpos que se han regalado el tiempo que necesitaban. Esas noches son pocas a lo largo de una vida, pero son las que perseguiremos una y otra vez.

Lectura en el móvil, mientras el té se prepara y el Colacao se remueve sin que la leche logre ganar la batalla. En un silencio que no es de soledad, ni triste, ni se evita por incómodo. Es haberlo ganado, con el sudor de haberse entregado por completo.

No hay horas en esas mañanas, siempre hay luz y el aguacate está perfectamente maduro. Lo ha partido perfecto, lo ha dispuesto en una tostada que no se ha roto y sobre la que cae el aceite dibujando un máster en cocina.

Se sientan muy cerca porque ya no hay terreno de nadie. Las fronteras cayeron hace tiempo y esa mañana han amanecido siendo ya la misa patria. Se acompasan las costumbres, se leen en alto las noticias, se enseñan vídeos graciosos.

Faltaba la música, lo han notado y se soluciona rápido. Canciones que van a significar otras cosas, letras que parecen describir esa vida en un desayuno.

Se repite. Más té y más tostadas porque eso es todo. Se habla, los móviles se aburren y las historias crecen sumando una vida a la otra. Imposible evitar ya que esas narraciones sigan relatando vidas independientes desde esa misma mañana.

Un recuerdo detallado de cómo han llegado. Se suman y se pisan detalles, logrando revivir esas semanas que han llevado en paralelo su historia. De no conocerse a poder sentir sus cuerpos en sus labios con solo cerrar los ojos.

El postre de un desayuno es volver a la cama.