Adosado (19)

Lucía no pensaba que el DNI de Ramiro fuera falso. Lo hubiera creído al principio, si no hubiera aprendido a ver lo que la historia de Miriam enseñaba.

Recordó de nuevo aquello de que sólo vemos las cosas cuando sabemos buscarlas. No se trata de mirar, sino de aprender a ver. No pensaba que ser policía fuera eso, al menos no cuando estudió las oposiciones y se preparaba para las pruebas. Entonces lo único que quería era dar una alegría a sus padres, decirles que tenía un sueldo, poder tener un tema de conversación -con su padre- y una buena excusa -para su madre- que justificara su falta de relaciones duraderas con aquellos chicos.

Aprendió a amar su profesión cuando entendió que no lo sabía todo y que ser la primera de su promoción simplemente aseguraba un puesto en Madrid. El resto, lo había aprendido con cada caso, con esas historias que, en los márgenes de la normalidad, acababan por transformarla. Este caso estaba siendo, en ese sentido y en todos, una borrachera de amor.

No sospechó de Ramiro. Lo que ocultaba al mundo ya lo había visto, así que no tenía sentido esconderse en un DNI falso con una dirección errónea. Cuando dejaba de ser una princesa volvía dentro de la norma social , de lo aceptado, de lo socialmente establecido. Ahí un DNI falso no sirve de nada.

Sospechó de aquella señora que negaba conocerle. No llegó a apagar el ordenador una vez encontró la dirección en el informe y dictó a Google Maps, en su móvil, la dirección.

Resultó ser una casa en las afueras de la ciudad. Un chalet adosado, pero de los que están en un extremo y presumen de jardín ante sus otros hermanos encajonados. Llamó a la puerta pero no respondía nadie. A la tercera pensó en irse y volver en otro momento, pero se movió un estor. Lo justo, con ese balanceo que hacen cuando alguien los acaba de soltar.

-¡Quiero hablarle de su hijo! -gritó Lucía buscando ser escuchada por la señora y por los vecinos. Intuía que respondería con tal de evitar lo segundo.

La puerta sonó, anunciando que si la empujaba, se abriría. Un susurro que la invitaba a pasar.

Recorrió los pocos pasos necesarios para llegar a la puerta de la casa. Estaba abierta, pero con el paso cerrado.

-Mi hijo murió hace años.