Desnudos (16)

Pidió ayuda al equipo informático. Lucía, por mucho que hacia pantallazos y trataba de ampliar la foto, siempre salía borrosa.

Repasó todas, absolutamente todas las cosas que había subido Miriam a su perfil de Instagram, buceó en su Facebook -que tenía abandonado desde hacía meses- y rastreó las cuentas de las personas que sí había logrado reconocer en esa foto. Pero, más allá de hacer un maravilloso álbum con las fotos más evocadoras de Miriam, para las que abrió una carpeta entera en su móvil, no había rastro de “su Lobo”.

Sus compañeros lograron aclarar algo la imagen. Poco pelo -o muy corto-, bastantes músculos y seguramente entre metro noventa y metro noventa y cinco -por comparación con Miriam, que apenas llegaba a su pecho-. “Caucásico” añadieron, aunque sabían que prefería que fueran al grano con un sencillo “blanco y español”. Eso les dijo ella, pero insistieron en que lo de “español” era suponer demasiado.

Con el rostro lo más definido posible, lo cruzaron con la base de datos. Iba a tardar y seguramente para no encontrar ningún resultado.

Mientras, aprovechando que ya había llegado el permiso para entrar al móvil de Miriam, Lucía empezó a analizar cada dato que contenía. Se fue fijando uno a unos en todos los contactos de la agenda, tras comprobar que la búsqueda “lobo” no daba ningún resultado. Sabía que podía estar en las notas, en clave, sabía que estaba por algún lado.

La aplicación de fotos era un paraíso. Lucía temió no poder salir sana, no poder volver a quedar con Laura sin confesar, sin pedir que le perdonara y explicara qué le estaba pasando. El perfil de Instagram era apto para menores en comparación con lo que ahora tenía ante sus ojos. Desnudos de una y mil formas, sonrisas, fiestas, vestidos imposibles. En la carpeta de archivos eliminados, todo vacío. Extraño, porque ahí se quedan guardadas durante días las últimas fotos eliminadas, así que la había vaciado intencionadamente.

Trató de imaginar qué era aquello que no quería que vieran, qué podía querer ocultar cuando, por el contrario, dejó tantas y tantas fotos de desnudos. Debía hablar con Laura, por muchos motivos.

No podía llevarse el teléfono, tampoco una copia del contenido, pero quería poder mostrar a Laura algunas fotos. Esa era la excusa. Así que, jugándosela, sabiendo que no debía ni podía, hizo fotos con su móvil a aquellas que entendía más relevantes para la investigación, que resultaban ser aquellas en las que Miriam podría desafiar a Miss Universo de cualquier año desde el mismísimo Big Bang.

Pensó en enviar esas fotos a Laura para que las pudiera ir viendo y comentando, para que pudiera ir elaborando una teoría de por qué parecía haber borrado muchas fotos, pero no toda la colección de desnudos explícitos -como los que pensaba enviar de muestra-. Se contuvo.

Por vergüenza y porque confiaba en Laura, pero amaba también su carrera como policía y no quería entregar ambas a quien, desde hacía apenas dos noches, ocupaba toda su cama.