Infiel (15)

Infidelidad. Eso era para Lucía lo que estaba haciendo, aunque apenas llevara horas con Laura, aunque Miriam estaba muerta, aunque lo único que hacía era mirar de nuevo su cuenta de Instagram.

Llegó a dudar seriamente de lo que estaba sintiendo, del tipo de fetiche extraño que podía llevarle a desear tanto un cuerpo que sabía asesinado. Le calmó descubrir que las fotos del cadáver de Miriam no le ponían lo más mínimo. La obsesión era con ella viva, lo que quedaba de su vida en esas fotos. Y esas piernas, fundamentalmente esas kilométricas piernas que llegaba incluso a sentir, rodeando las suyas, cuando cerraba fuerte los ojos.

Laura no tenía esas piernas. Tenia una espalda en la que perderse, un culo que se rifarían las marcas de lencería si lo ofreciera para sesiones fotográficas y, sobre todo, una confianza en cada paso que daba que arrastraba a Lucía por inercia. Estaba enganchada de las dos. Una viva, otra muerta. Una hacía realidad sus deseos, otra los multiplicaba en fantasías infinitas.

Esta vez se metió a ver las historias, las que Miriam había dejado guardadas para que no se borraran a las 24 horas. Por suerte había muchísimas, divididas por temas. Deporte, playa, trabajo, modelo, nieve, libros,…

Se fue directa a las de modelo. Su imaginación agradeció el extra de recursos para poder hacer nuevas películas con infinitos giros de guión y escenas de cama. Su corazón, como un resorte, respondió a la excitación bombeando más rápido. Su cuerpo latía entero a los pocos segundos.

Paró. No podía seguir. En la oficina no. Movió el dedo para ir a algo más aburrido, más pegado a la investigación del caso y no de sus deseos. “Amigos” era el último círculo de las historias seleccionadas. Lo abrió.

Una vida bastante normal. Copas, bares, algunas fotos con Elmer, cenas y un poco de turismo rural. El corazón se relajó, el cuerpo mantuvo las ganas pero bajo frustración asumida. Cuando el cerebro logró cambiar de tema, cuando salió de las piernas de Miriam, de pronto lo vió.

Tuvo que retroceder algunas historias, volver a eso que había pasado y que ahora veía.

En el campo, difícil determinar dónde, una foto con cuatro amigos. Ella pasaba el brazo por la cintura del más musculoso, vestido con pantalón Quechua negro y sudadera blanca. Pero no era eso. Sus ojos habían visto, aunque tardaran en reaccionar, el comentario escrito sobre la foto.

#ConMiLobo