Interrogatorio (11)

-Yo no soy como ellos.

El nuevo interrogatorio a Elmer estaba siendo un completo caos hasta ese momento. Había empezado afirmando de nuevo que el edificio era moderno, que Miriam fue a hacer una prueba para una serie. Luego había pasado a una versión de Miriam con amigos y que el edificio moderno era una idea que tenían para el futuro.

Con Lucía ya desesperada, se le empezaba a notar en la cara, Elmer había dicho que no, que el edificio había sido moderno, que lo que describió era cómo le habían contado que era antes. ¿Antes cuándo?, le había gritado entonces Lucía. No pensaba que fuera un mentiroso, era un imbécil, algo bastante peor para una investigación.

-¿Cómo eran ellos? -Lucía por fin vio una luz al final del túnel, se sentó a su lado en la mesa y cogió del suelo el bloc de notas que había lanzado por los aires hacía pocos minutos, desesperada por las declaraciones de Elmer. Negaría haber dicho “este tío es tonto” de no ser porque estaba grabado.

-Raros. A mi no me gustaba ese rollo- respondió escueto Elmer.

-¿Podrías explicar con un poquito más de detalle qué rollo era ese? -El tono de Lucía era más ofensivo que cualquier insulto.

-Que les gustaba disfrazarse y hacer cosas raras. A mi eso no me va.

Lucía se levantó de la mesa, dio dos vueltas a la sala respirando lentamente y volvió a sentarse.

-Sabemos que estuviste allí. ¿Por qué?

-Miriam me lo pidió. Quería que viese cómo era ella. Eso me dijo. Al llegar vi a un señor vestido de princesa y a una vieja en plan sexy. Un horror.

-¿Y qué pasó luego?

-No lo se. Miriam me dijo que la esperase, que se iba a cambiar. No esperé. Me fui corriendo de aquel lugar y esperé no volver a verla nunca más.

-¿Hizo algo para que esa esperanza se cumpliera?

-¿El qué?

-Nada -Lucía se frotó la cara con las dos manos- Ahora mismo es usted el principal sospechoso de los tres asesinatos. ¿Eso lo entiende?

-¿Yo? ¿Por qué?

A Lucía le bastaba con que hubiera entendido que le estaban acusando. Que no supiera el motivo, a pesar de las dos horas de interrogatorio, ya era cosa suya y del abogado –pobre lo que le espera– que le tocase.

-Volveremos a hablar, no se preocupe.

Salió de la sala, dando órdenes de que quedara detenido. Sabía que necesitaba ayuda y que este era el momento de hablar con aquella psicóloga de la televisión. Un par de llamadas y tendría su número.

Quedaron esa misma tarde, en la comisaría. Parecía dispuesta y encantada de poder ayudar y Lucía estaba deseosa de tener esa ayuda… y esa compañía.