Enfermera (5)

Mientras escribía en sus notas la frase escrita en el pubis y dibujaba sobre ella varios círculos, como señalando el punto exacto en el que creía haber resuelto el primer enigma, los ayudantes de Marcos les pidieron que se acercaran.

Habían terminado la exploración superficial con idéntico resultado. La anciana ni siquiera tenía en las muñecas nada que pudiera ser sospechoso. Por no tener, no tenía ni movido el pintalabios rojo intenso. Al quitar el corsé, los pechos habían caído a su estado natural y a la rugosidad coherente con la edad. Habían quitado la minifalda y el minúsculo tanga que llevaba puesto y ahí estaba la frase.

“Ahora eres lo que tanto te gusta”

Lucía perdió el ritmo, la sensación de tenerlo todo bajo control. De golpe volvía a la fase de las preguntas cuando creía estar ya dando con algunas respuestas. ¿Quería esa anciana ser una falsa enfermera porno? Algunas preguntas desesperaban mas que otras.

Que no hubiera golpes, ni ataduras, ni signos de lucha podían indicar que la vestimenta era consentida, o que incluso la habían elegido. Eso no explicaba que estuvieran degollados, pero podía explicar al motivo de que estuvieran en el mismo lugar perfiles tan diferentes.

Los ayudantes de Marcos le pidieron, mientras ella tachaba sus círculos de la libreta, si procedían a hacer un examen más profundo. Por los gestos, se podía deducir dónde querían mirar. Marcos miró a Lucía para buscar una respuesta pero ella seguía sin levantar la vista de sus notas. Supuso que era un sí, que más valía mirarlo todo.

Les acompañó para cerciorarse de que recogieran todas las pruebas con el mayor cuidado. No había rastro de semen, pero sí una más que posible penetración tanto vaginal como anal. Reciente.

-Lucía, puede haber un componente sexual.

-¿Miriam quería ser un atún? ¿Eso es lo que vamos a encontrar cuando la saquemos de ese disfraz? -Lucía no había escuchado a Marcos.

-Te estoy diciendo que hay indicios de una actividad sexual… bastante elevada.

Supo que esta vez sí le había escuchado porque ella lo anotó en la libreta, pero no respondió nada.

Sus notas parecían un puzzle sin sentido. Un pederasta, una vieja ninfómana y una joven dentro de un atún. Todos degollados, con su sangre mezclada, en cascada por los escalones de un edificio abandonado que tal vez pudo ser moderno durante unas horas. Simplemente no sabía que línea seguir, no tenía mas remedio que buscar más pruebas.

Le quedaba la chica pez y las columnas de la ruinas frente el edificio de tres plantas. Nada esperanzador, pensó.