No te alegres

Hay un grupo de elegidos y elegidas que determinan cuándo algo es realmente bueno y por ello digno de ser celebrado.

Hasta ahora nada lo ha sido, nada tiene la pureza suficiente como para justificar un grito de júbilo, descorchar una botella o ponerse a bailar con música que solo está en nuestra cabeza. Si lo haces te miran mal, con soberbia y decepción. Como si pensaran que eras más inteligente de lo que has terminado por demostrar.

Ellos, y ellas, guardan la pureza de lo correcto. Conocen todos los peros, los detalles y las verdaderas claves de por qué eso que te hace feliz es en realidad una mera demostración de tu ignorancia.

Puedes ser tonto o tonto por maldad. Es decir, puede que estés celebrando una victoria simplemente porque eres tan ignorante que no ves que en realidad es una mala noticia o puede que celebres porque eres parte de una maquinaria de poder que oprime intencionadamente al mundo. Pero eso son matices, lo terrible es que oses disfrutar.

Les habrá pasado, por ejemplo, con la victoria de Biden. Ustedes han creído que es una buena noticia, que se larga Trump y que el mundo mejora. Pues están equivocados, por ignorantes. Seguro, eso sí, que esos censores de la alegría ya se lo han hecho saber en algunas de las redes sociales donde usted haya celebrado lo de Pensilvania.

Que gane Biden en realidad es malo y encima usted no se da cuenta y lo celebra. Le explicarán, groseramente, que con su alegría colabora con una maquinaria de poder establecido, que el capitalismo en realidad se refuerza, que los ricos seguirán siendo ricos y los malos malos. Para ellos, nada ha cambiado. Nunca lo hace.

Debe usted entender a esa gente, para no deprimirse y poder seguir celebrando a pesar de sus monsergas. Son individuos apenados, aplastados por el peso de la dependencia constante de una victoria total y absoluta. Una victoria imposible pero que persiguen machaconamente.

Nada es bueno excepto cuando todo lo sea. Imagínense lo que debe sufrir en un mundo de grises.

Ahora bien, si en redes sociales son cansinos, en política son realmente peligrosos. Aleje su voto de cualquier espécimen que muestre síntomas como los descritos.

Un ser así, en política, es destructivo. Ningún proyecto es lo suficientemente bueno, ninguna idea es realmente de izquierdas, ninguna propuesta hará que el mundo sea perfecto. Machacarán su voluntad, sus ganas de cambiar, su esfuerzo por ir avanzando. Para ellos, es mejor no hacer nada porque hasta que no llegue la victoria total y definitiva, cualquier paso es en realidad en falso.

De hacerles caso, se pueden imaginar cómo estaríamos y se entiende perfectamente lo adaptados que están a este momento de polarización. Sus aportaciones son esenciales para quienes señalan al rival como enemigo porque efectivamente, es malo. Todos son malos. Sirven para dar la razón a los más radicales de uno y otro lado, les justifica, les ampara con cada grito.

De ser por ellos seguiríamos en cuevas, viendo las sombras reflejadas en las cavernas. Nos dirían que todavía no podemos salir, que debemos esperar, que la realidad todavía no merece ser vista.

Siendo muchos de ellos ateos, señalan la alegría como el peor de los pecados. Caer en ella te saca del club, te excluye, te degrada.

Así que deje usted de alegrarse tanto, no celebre nada, no prefiera un pellizco a un puñetazo en la cara porque en el fondo todo es malo. Aunque usted sepa que un pellizco duele, le dirán que se está conformando con ese dolor y que en breve creerá que es bueno, cuando usted lo único que celebra es que hayan dejado de golpearle la cara, que no es poco.

Esos pequeños avances, esas ínfimas victorias que en realidad lo han ido cambiando todo a lo largo de la historia, siempre tuvieron delante a alguien quejándose de lo poco logrado. Pero sepa que sin ellas, sí que seguiría todo igual.