No sobran políticos

Crisis y crítica a la cantidad de cargos públicos van de la mano. Cuando crece una, aumenta la otra.

Hay cierta lógica, especialmente cuando la gestión de dichos dirigentes se percibe como regular, mala o nefasta. No solucionan los problemas, no generan alternativas y en no pocas ocasiones, sus decisiones empeoran la situación.

Así que cuando, algo falla, es comprensible creer que una buena solución es tener menos de aquello que consideramos malo. Así, si asumimos que los dirigentes son malos, un buen paso sería tener menos. Se supone que, al menos, ahorraríamos unos euros.

Estos días circula por redes sociales esta imagen, que recuerda a las infinitas cadenas de Whatsapp, memes y vídeos de gente cabreada gritando contra los “miles de políticos que no hacen nada”

Como ellos mismos hacen llamarse, parece de “sentido común”. Ahora bien, si entramos a analizar nuestro sistema político y -sobre todo- dejamos a un lado preguntas como cuáles son esos 1368 parlamentos autonómicos que señalan, descubrimos que el número total de “políticos” es en realidad irrelevante.

En España las listas electorales son cerradas. Es decir, los votantes no elegimos a nuestros concejales o diputados. Elegimos una lista. Los y las concejales o diputados que resultan elegidos son aquellos que desde los partidos políticos se colocan en los puestos de salida. Simplificando; los que saben que salen seguro.

Esas personas que resultan elegidas, por tanto, dependen para seguir en su puesto de quien hace la lista electoral del partido y no del votante. Para seguir siendo concejal o diputado tiene que llevarse bien y trabajar para el partido, no para quién le pueda o no votar.

De esta forma resulta absolutamente indiferente si hay 9 ó 900 diputados, porque todos y cada uno de ellos habrán sido elegidos de la misma manera y rendirán cuentas a los mismos de siempre.

Es cierto que sale más barato pagar a 9 que a 900, sí, pero se trata de un ahorro insignificante en comparación con las cifras de deuda y crisis en las que estamos y no arregla en absoluto el problema de fondo. Es más, cuantos más haya, menos control del partido se ejerce y se cuelan políticos con verdadera vocación. En cambio, cuanto más pequeña es la lista, más cercanos al líder son todos.

Si queremos ahorrar con nuestros políticos debemos fijarnos más en lo que hacen que en cuantos son. Lo que ahorramos quitando a la mitad de políticos lo perdemos en una mala inversión pública, en una pésima ejecución de un presupuesto, en un recorte de un servicio público, en una mala contratación, en un contrato a dedo, en una carretera a ninguna parte.

No sobran políticos, sobran políticos malos. Y si seguimos pidiendo que se reduzca el sueldo, no vendrán mejores.

Es necesario seguir una máxima en gestión que siempre da buenos resultados; antes de cerrar algo, intenta que funcione. Pon a un buen gestor al frente, controla el gasto y la inversión. Si a pesar de todo eso sigue sin funcionar, entonces puedes cerrarlo o eliminar ese puesto/cargo, pero cerrar sin haber probado antes si puede ser eficaz, es pegarse un tiro en el pie. Especialmente cuando hablamos de servicios públicos.

Usemos mejor las cadenas de WhatsApp para pedir un nuevo sistema electoral, gritemos en vídeos por listas abiertas donde el cargo depende directamente del votante para repetir y señalemos a la calidad, no a la cantidad. Porque medio kilo de mierda es menos que un kilo, pero sigue siendo…

España es, además, un país donde prácticamente todo depende de los partidos políticos. Es decir, un país donde casi todo depende de las cuatro personas que hacen las listas electorales. Tribunales, fiscales, televisiones públicas, organismos, empresas públicas, leyes…. Reducir el número, como mucho, hará que todavía esté en manos de menos personas y por lo tanto, más alejado de la ciudadanía.

Es en buena medida por esto por lo que los partidos siguen generando cada vez más descrédito, menos confianza y mas desapego. Son máquinas gubernamentales, no ciudadanas. Es ahí donde se debe actuar, donde la ciudadanía debe actuar como lobby para influir y para apoyar propuestas diferentes. Hay ya ejemplos, lo vimos en la ciudad de Madrid con Manuela Carmena y su apuesta por una lista más abierta a la ciudadanía. Algo que sigue defendiendo tanto ella como un buen número de concejales del Ayuntamiento.

No busquemos la solución rápida y fácil, porque al final es un chollo para aquellos que justamente queremos poner en cuestión. No les ayudemos a tener todo más controlado, más cerrado. Apoyemos nuevas formas de participación política o acabaremos aplaudiendo el gran ahorro que supone tener sólo un dirigente.




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