Mis amigos fachas

Ayer estuve con Adela Cortina y Manuela Carmena -que obviamente no son las que dan sentido al título de este artículo-, escuchando sus palabras sobre cómo cuidar la Democracia.

Carmena ha abierto un nuevo espacio de debate, de pensamiento. Eso que otros llaman Think Tank. Lo ha hecho precisamente para eso, para pensar en cómo cuidar entre todos este sistema político que tanto nos da, dio y dará si los planes de Carmena resultan. No se puede negar lo necesario de un espacio así en estos momentos en los que un mal paso nos puede llevar, sin notarlo, a perder lo ganado en siglos de enfrentamientos.

Como pueden imaginar se dijeron cosas realmente interesantes, especialmente referidas a la forma de combatir la desigualdad que era el tema concreto de este diálogo. Yo me voy a quedar con una parte más concreta de esa charla, algo de fondo y a lo que Adela Cortina, como bien hace, le puso el nombre que tiene, el que le dio Aristóteles; La Amistad Cívica.

La recuperada propuesta es sencilla, aunque defendida por pocos. Ayer sí estuvo en boca de Cortina y Carmena y qué mejor ocasión para aprovechar ese empuje y darle desde aquí más espacio.

Se trata de llevarnos bien. De tener las ideas que queramos tener pero saber que es posible la amistad y la convivencia porque estamos en lo mismo. Ahí entran mis amigos fachas.

Lo de fachas es una simplificación, especialmente en un momento como este en el que en política se ha llamado facha a casi todo el mundo, pero sirve para darle la carga emocional necesaria.

No tiene mérito tener amistad con un socialdemócrata, ni siquiera con un liberal. Eso lo hace cualquiera. La clave es el extremo. Tener amigos fachas y más que fachas.

Yo los tengo. En Vox, en el PP, en Falange y en los sitios más insospechados. Aquello en lo que no coincidimos políticamente no podemos estar más alejados, pero en todo momento soy consciente de que quieren lo mejor para todos. Comparten las ganas de vivir tranquilos, de poder tener y mejorar en el trabajo, de comprar una casa, de irse de vacaciones, de poder ahorrar dinero y comprarse algún capricho.

La amistad cívica es ser conscientes de que compartimos el mismo espacio y que los adversarios en el campo ideológico son eso, adversarios. Si fueran enemigos -y esto es lo que algunos quieren hacernos creer- habría que combatirles hasta eliminarlos.

Yo no quiero eliminar a nadie, por facha que sea. Quiero convivir, porque será un éxito compartido basado en el respeto mutuo y en la empatía. Fíjense todo lo que hay dentro de esa frase; Convivir, respeto y empatía.

Con esos pilares la política sería por necesidad otra cosa completamente distinta a la actual. Sería un espacio para llegar a acuerdos, para señalar las coincidencias, para progresar. Un progreso compartido.

Estoy seguro que a esa política volveríamos muchos. A esa, sí.

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