No sirve de nada

¿Qué sentido tiene que me indigne? No puedo hacer realmente nada cuando ante mis ojos, a unos kilómetros -por muchos que sean- se está produciendo un genocidio.

Es como sentirse cómplice, vacío, sucio. La historia va a juzgar este momento y se preguntarán en el futuro, como nos preguntamos ahora sobre nuestro pasado reciente, ¿cómo es posible que ocurriese y nadie lo evitara?

No quiero ser ese nadie, no quiero que los niños en sus clases de 2060 piensen -como pensaba yo al estudiar el holocausto- que se dejó hacer, que muchos tuvieron que mirar a otro lado para que pasara.

Por eso sí sirven las pequeñas cosas, aunque sean ínfimas. En realidad todo es casi nada ante un genocidio si usamos una mínima escala de humanidad. Sirve algo tan básico como negarse a dejarlo pasar. Ya es algo, ya no validas el horror.

Sirve hablar con la gente, indignarte con ellos y ante ellos. «De esto se habla», aunque no quieran, aunque sea polémico. Tú no vas a dejar pasar que hay niños muriendo de hambre y tiroteados al ir a coger algo de comida. Porque no.

Sirve un post, una pulsera, un pin, una pegatina. Los detalles individuales crean una conciencia colectiva, una mayoría social que no se logra sin la suma de esas pequeñas pinceladas individuales.

En tu casa, tirado en el sofá, con una serie de humor de fondo, parece hasta vergonzoso subir una story sobre Gaza. ¿Qué estás haciendo realmente por ellos? Pensarás que nada, porque en realidad, sí, es muy poco. Es casi nada.

Pero sin los pocos, sin ese casi que nos diferencia de la nada y de ese nadie que no queremos ser, todo seguiría igual.

Un día llega a los informativos, a las mesas de debate, al Consejo de Ministros, a Europa… Llega por muchos pocos de mucha gente y por algunos «un poco más» de quienes tienen la posibilidad de que su foto llegue a mas seguidores o porque sus amigos están más cerca de quienes un día tienen que hacer el guión de un telediario.

Estamos haciendo mucho menos de lo que sería necesario ante la realidad que tenemos delante, vamos a seguir sintiéndonos frustrados e inútiles ante la magnitud de lo que vemos, pero no somos de los que no están haciendo nada.

Cuando no quede nadie sin hacer algo, se logrará lo que hoy parece imposible.