En política, el poder es importante. No hay que negarlo. Trabajar los movimientos asociativos, las protestas urbanas, las reivindicaciones callejeras y hacer barrio es esencial, pero -créanme- todo es más fácil y muchas más cosas cambian para bien cuando gobiernas.
Pero cuando gobiernas para algo. La misión histórica del PSOE era transformar España, modernizarla, hacerla más abierta, más plural y libre. Necesitaba de mayorías suficientes para esos cambios, para tener la fuerza legislativa y política que acompañara esas transformaciones.
No servía ser un partido pequeño que sumaba con otros si había suerte. Por eso la implantación territorial, por eso se trabajó desde las agrupaciones haciendo crecer el partido de forma homogénea extendiendo el mensaje. La única forma de cambiar el país era siendo una mayoría suficiente y eso requería de un cuerpo ideológico que fuera capaz de representar al mayor número posible de españoles.
Es así como el PSOE logró sus grandes victorias y como logró los grandes cambios en nuestra sociedad. Otros partidos, a su izquierda, podían darle apoyos puntuales para sumar las mayorías necesarias, pero desde la fuerza de quien tiene un discurso de país reconocible de costa a costa.
Hoy, llegar al poder apenas tiene valor para el PSOE. Tiene sentido orgánico, pues se mantiene mucho mejor una estructura cuando puedes colocar a toda la plantilla y tienes fondos para sufragar los elevados gastos, pero hasta ahí se llega.
El cúlmen del desastre es una legislatura como esta. Desde Moncloa para hacer lo que los demás te dicen que hagas, con tal de estar en Moncloa. ¿Para qué?
El PSOE ha pasado de apoyarse en otros partidos para sacar adelante sus transformaciones de España a ser usado por todos los demás partidos para que salgan adelante las suyas, incluso cuando van contra todo lo que el PSOE supuestamente es.
Deja de ser útil a los españoles porque solo sirve a otros partidos sin voluntad de mayoría. Pasa a ser la herramienta de las minorías para imponerse en vez de concitar mayorías sociales.
Electoralmente, eso se paga. Si el partido que debía representar a la mayoría se rinde a las minorías, el votante entiende que la fuerza está en esas minorías y acude directamente a ellas.
Desarmar ideológicamente a un partido como el PSOE para poder usarlo simplemente como llave de un solo uso de la Moncloa es condenar por muchos años a quienes necesitan un espacio de mayorías transversal.
No por ser la crónica de un desastre anunciado impacta menos.
