Llegar

Vio la foto navegando sin rumbo por Internet.

Es lo que quería hacer con su vida, pero no podía. Por todo y por nada, pero no podía. Al menos ahora.

Lo compensaba así, perdiéndose en imágenes vía satélite, viajando sin saber a dónde y sin saber con quién. Aunque en realidad casi nunca había nadie en esas fotos. Desde arriba hay bastante soledad. Se le quitaban las ganas de ser Dios.

Ahí el agua, de golpe, se hacía imprescindible, pero insuficiente. Estaba, con ese color tan puro, pero incapaz de hacer crecer nada a su lado. Se fue más lejos, para ver más, pero la realidad no cambiaba. Agua y tierra, una combinación que no había sido capaz de crear más que esa maravillosa imagen.

Entonces sí pudo. Se fue nada más recuperar el complejo de Dios que la soledad del satélite le había ido quitando.

Había encontrado el lugar donde el hombre podía contribuir a la naturaleza, el sitio en el que en vez de destruirla podría encontrar su sitio en ella.

Llevó semillas, compró plantas y una camioneta.

En su casa le dieron por muerto, él se fue a dar vida.

Por satélite ya no se puede volver a ver aquella imagen. Lo logró.

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