No lo van a arreglar

El principal problema de la vivienda en España es que la solución no interesa a ninguno de los políticos actuales. Eso a pesar de que esta frase suena a populismo barato del menos elaborado del 15M.

Pero desgraciadamente es así. Hasta ahora vemos a la izquierda empeñada en la regulación (veremos a qué llama regulación…) y a la derecha en no hacer nada, como el propio Almeida afirmaba orgulloso. Regular el mercado o dejar que el mercado se regule solo.

Las trampas vienen en el detalle de cada una de estas opciones. Donde la derecha habla de regulación espontánea en realidad se limita a liberalizar suelo público para que constructoras privadas puedan hacer negocio. Es lícito, pero pretender solucionar el problema de acceso a la vivienda con dos o tres casas sociales de cada promoción de miles, suena a risa. Eso cuando no vende directamente a fondos de inversión (buitres) las viviendas sociales existentes.

La izquierda promueve una supuesta regulación que más allá del rédito político, no ofrece solución alguna. Ante un escenario de escasa oferta, es el producto el que elige al comprador y no al revés. Es decir, es el dueño de la vivienda en alquiler el que elige al inquilino y no como desearíamos que fuera. De tal forma que si se regula el precio sin aumentar la oferta solo provoca reducción de la oferta por inmediata reducción de la rentabilidad para el arrendador (más aún si se suman riesgos como la lentitud a la hora de solucionar ocupaciones o «inquiocupaciones» -sean porcentualmente las que sean-).

El resultado es menos oferta y la que queda sigue pudiendo elegir solo que además todavía con más poder. Entre un joven precario y un funcionario de 50 años, por muy regulado que esté el precio, quien va a conseguir el contrato nos podemos imaginar quién es, justamente el que podría muy probablemente acceder a esa vivienda sin regulación, mientras el joven quedará todavía más lejos de tener su casa.

Ahora se suma la opción de dar ayudas al alquiler. Un parche temporal que no solventa el problema. El funcionario de 50 años seguiría siendo mejor inquilino que un joven, por mucho que el Estado vaya a ayudar durante un tiempo.

Por no recordar lo que pasó la última vez que aparecieron estas ayudas. La experiencia demuestra que la ayuda es directamente sumada al precio del alquiler.

La mejor forma de regular el mercado, en realidad la única para regular el mercado de la vivienda, es competir.

Sí, lo público cara a cara con lo privado. Construcción de vivienda pública que no se vende nunca, que está en manos del Estado, Comunidades y Ayuntamientos. Y compra de vivienda ya existente, con rehabilitación si es necesario.

Cuando lo público tenga un 10% o un 15% del mercado con precios bajos y asegurando a jóvenes el acceso a la vivienda, la parte privada reacciona.

Cuando un competidor ofrece un mejor producto a un precio más bajo, los demás acaban bajando sus precios.

Esto, lógicamente, no lo hará nunca una derecha que prefiere que nadie compita con lo privado, y no lo hará una izquierda que piensa en el corto plazo. ¿Quién quiere hacer ahora viviendas para que se lleve el mérito otro? Es mucho más sencillo culpar a los «rentistas» y a las supuestas patronales inmobiliarias. Culpar a los ricos, a los que invierten, a los que compiten en el mercado. Para algunos siempre será más fácil subir un impuesto que gestionar bien.

Ese es el drama, lo que confirma la primera frase de este texto. La solución pasa por crear un parque público de viviendas gestionado por las administraciones. Es decir, necesitamos políticos capaces de gestionar y obtener beneficios desde lo público.

Se trata de ganar en el mercado. ¿Conocen ustedes a algún político con esta intención o capacidad?