No es una amnistía

Da un poco igual, porque casi todo ya da igual, pero eso que llamamos amnistía no lo es.

Una amnistía existe en un entorno muy delimitado y para cuestiones de una relevancia social que como tal las requiere. Pasar de una dictadura a una democracia, solventar una crisis social derivada de un periodo oscuro e ilegítimo contrario a los ciudadanos y paremos de contar.

Se trata de un país corrigiéndose a sí mismo asumiendo que se obró mal y en desacuerdo a las leyes y su aplicación arbitraria o intencionada.

Pero hay más. Una amnistía requiere de dos voluntades esenciales; una clara y compartida voluntad de reencuentro y el deseo de construir un proyecto común.

Bajo esas condiciones, una sociedad puede encajar una amnistía. Ante un gobierno ilegítimo, contrario al derecho, se niegan sus acciones y se busca el perdón de aquellos que fueron dañados. Juntos, se busca superar esa etapa y construir un proyecto nuevo con voluntad de reencuentro. Un ejemplo claro es la amnistía en España de la dictadura a la democracia.

La actual propuesta de amnistía no cumple ninguno de estos requisitos esenciales. Únicamente recoge la parte de la impunidad, sin que esté basada en más motivo que el intercambio de intereses.

Analicemos un dato. Si -como nos dicen- la amnistía es esencial para la convivencia, ¿por qué se incluye la malversación de dinero público español pero se excluye la malversación de dinero público de Europa?

Cabría esperar que si mejora la convivencia exculpar la malversación debería ser toda la malversación y no en función de cuál sea la procedencia del dinero. ¿Malversar dinero europeo no mejora la convivencia como sí lo hace malversar dinero español? Sí que va a ser necesaria pedagogía…

Por tanto, esto no llega al nivel de amnistía y por lo tanto es imposible que mejore la convivencia ni provoque ningún reencuentro. No estamos ante el debate sobre la conveniencia de una verdadera amnistía, que sería un debate tal vez interesante, sino ante una exigencia en una negociación.

Cumple los requisitos exactos para exculpar a los votos que necesita Sánchez y nada más. Eso no es una amnistía, es un intercambio de intereses donde España cede en todo y la otra parte reitera su intención de seguir haciendo lo mismo, a ser posible amparado por las leyes. Cambiando las leyes a su favor, de ser necesario, claro.

La mentira es, por tanto, llamar amnistía a aquello que está muy lejos de serlo. Una interesante trampa dialéctica que al caer en ella lleva a buena parte de los españoles a la desesperación.

¿Cómo se está consintiendo esto? se preguntan muchos.

Saber que no es una amnistía sino un intercambio de impunidad por votos, puede ayudar. Al menos a saber hasta donde llega el engaño.

Lo que sí es, por parte de quienes se empeñan en llamarlo amnistía y en citar la convivencia y el reencuentro, es una falta de respeto a la memoria democrática de este país, a los españoles y en gran medida a lo que un día fue el Partido Socialista.

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