Su recuerdo

Se preparó un café solo para que la casa tuviera ese olor.

No la recordaba por otro aroma que no fuera ese. No había una colonia especial, ni un suavizante que impregnara la ropa que todavía quedaba en el armario. Sólo las mañanas invadidas por aquel aire tostado lograban que sintiera de nuevo su compañía.

Una vez listo lo tiró por el fregadero para olvidarla.

Llevaba en esa lucha semanas. Ni siquiera tenía claro si llorarla u odiarla y pasaba de un recuerdo a otro para intentar decidirse.

Se dejó llevar. Con el café dominando el aire de toda la casa volvió a meterse en la cama, a taparse con el edredón y a abrazar la almohada entre sus piernas para imaginar esas cosquillas que Pastora cantaba en aquella canción.

Con los ojos cerrados estaba con ella. La olía, la sentía, la disfrutaba.

Reírse con ella

Entró en Twitter nada más despertarse. Empezaba esa semana como la había acabado, deslizando su dedo de arriba a abajo sobre su pantalla para ver las novedades.

Tardó poco en volver a prometerse que nada más tener un rato libre lo usaría para dejar de seguir a todos esos nuevos y reinventados “coaches motivacionales” que le invadían cada mañana con mensajes obvios, repetidos y ya vacíos de todo significado, enalteciendo un falso positivismo.

Había vivido los suficientes lunes como para saber que la vida no te devuelve una sonrisa por mucho que amanezcas regalando la mayor de las tuyas al mundo, ni que un desayuno de frutas fuera el mejor primer paso de nada.

Sí, ayudaba afrontarlo todo con alegría, pero por el bien de uno mismo, no porque eso fuera a ser recompensado, o desde luego no al mismo nivel.

Estaba a punto de cerrar la aplicación cuando leyó un último mensaje.

“¿Y si no hay riesgo, para qué?”

Aquello sí le gustó. No porque compartiera esa idea de que era necesario salir de lo que llamaban la “zona de confort”, sino porque entendía que para él ese confort era arriesgarse. Le pareció que servía para acercarse a la definición más certera de lo que era realmente la vida y le inspiró para escribir un tweet. Sin citar ni mencionar dio a publicar.

“No hay que sonreír a la vida, hay que reírse con ella, y si se complica, de ella”

 

Aquellas escaleras

Nunca había bajado aquella escalera.

Tampoco había visto a nadie hacerlo. Suponía que llevaba al sótano, a los cuartos de caldera y esas cosas que imaginaba que tenía que tener el edificio.

La luz que supuestamente alumbraba el rellano de la escalera llevaba fundida años, por lo que desde entonces sólo eran visibles más de la mitad de los escalones cuando le llegaban los rayos de sol de la ventana del pasillo del que nacía. Al atardecer, en cambio, apenas se distinguían los primeros diez.

Nunca había visto a nadie subir por ella.

Sin luz y sin nadie que pisara esos escalones, su existencia podría incluso haberse puesto en duda. ¿Para qué sirve una escalera si nadie sube o baja por ella? ¿Existe lo inútil?

No había duda de que ahí estaba, había estado y seguiría estando. Cualquiera hubiera dicho que era una escalera de habérselo preguntado, incluso cuando nunca hubieran visto a nadie en ellas.

Tuve la tentación de usarla, de poner fin de golpe a mis dudas sobre si era justo considerar a un objeto por su nombre sólo por tener el diseño y no por cumplir la función encomendada. Si las bajaba y las volvía a subir las completaría, las haría realmente unas escaleras.

No lo hice. Me pareció demasiado presuntuoso ser yo el que pudiera cambiar aquella existencia de esa forma.

Yo tenía dudas de que fueran realmente unas escaleras, pero seguramente era el único así. Los demás no las miraban, no las usaban, no se preguntaban por ellas.

No me levanto

Alberto Sotillos, Aire de Bárdenas

 

Me acosté solo y amanecí rodeado.

Habían estado ahí toda la noche, como estuvieron otras veces, esas otras noches en las que me hablaban sin que quisiera responderles. Sobre todo ella, enemiga de cualquier silencio que uno pudiera necesitar.

La tarde anterior quise no haber estado donde estuve ni haber hecho lo que hice. Debía haber sido un momento para disfrutar de lo trabajado por la mañana, pero fue inútil.

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