Le escocían los ojos por su propio sudor. Casi no podía abrirlos y cuando lo lograba todo estaba borroso. Un nuevo golpe, uno más y de nuevo al suelo. Normal, no veía. Casi lo estaba […]
Le escocían los ojos por su propio sudor. Casi no podía abrirlos y cuando lo lograba todo estaba borroso. Un nuevo golpe, uno más y de nuevo al suelo. Normal, no veía. Casi lo estaba […]