Ser rico, hoy.

Leí el otro día -disculpad que no recuerde dónde- una frase magnífica:

“Dentro de poco, todos querremos tener nuestros 15 minutos de anonimato”

Hay tratados de filosofía de 500 páginas que no logran decir tanto. Se me quedó grabada, claro, como tantas frases, como le pasa a Salvador (Sí, no dejéis de leer Mejor no Saberlo 😉 )

De esa frase a este artículo está el tiempo dedicado a reflexionar sobre ella y tratar de corregir en mi cabeza -una vez más- prioridades y deseos. De lo que se espera lograr a lo que finalmente se consigue cambiar hay un largo camino, pero paso a paso.

Ser rico hoy es que no te tenga que conocer casi nadie para poder ganarte la vida. Ni networking, ni redes sociales, ni CVs (bueno, esto último no es un síntoma de nuevo rico, más bien uno habitual).

He pensado en los que más dinero tienen y apenas existen, apenas un nombre y un apellido en informaciones realmente especializadas.

Sin ser tan ricos hay otros a mitad de camino que no tienen smartphone. Son tan ricos, en realidad tan importantes, que la gente les llama a un fijo. Como yo dependa de que me tengan que localizar a mi y suponga el más mínimo esfuerzo, no pago el alquiler.

Se puede ser rico y tener Facebook, Instagram o incluso Twitter, siempre y cuando no lo lleves tú. Pero mejor no tenerlos. Para ser realmente poderoso no hay que estar en Redes. Yo estoy en todas.

Poder apagar el móvil, poder irte de vacaciones sin fecha de vuelta, no mirar un mail si no estás en horario laboral,… Esos lujos son los de verdad, los que no se pueden pagar con dinero.

Pero no todo es inalcanzable, hay una esperanza. Para eso llevo semanas dándole vueltas.

Se puede ser casi rico. Que no está mal. Y es relativamente sencillo.

Basta con frenar, con ir desconectando. Cada minuto en silencio ganado es como un éxito en la Bolsa. Irse un fin de semana sin avisar son dos días de reuniones con el CEO del que depende tu ascenso.

En realidad ser rico es hacer pocas cosas. Comer, dormir y….

Vamos, que un ascenso hoy es ganar menos dinero y lograr más tiempo. Esta parte sí que la tengo clarísima. Trabajar en lo que te gusta se llama tener un hobby, el resto es por dinero.

Desaparezcamos más, demos menos importancia a casi todo y aburrámonos. Menudo lujo es aburrirse, la última vez que lo logramos éramos niños, nuestros padres nos mantenían, nos pagaban la comida, la casa y lo que necesitáramos. Si eso no es un lujo…

Antes decíamos que el dinero no da la felicidad, ahora podemos ampliarlo:

“El dinero no te hace rico”.

12 años sin bailar

El pequeño tenía cinco, el mayor once. Se quedaban con su padre porque ella tenía una despedida de soltera.

No pensaban quemar la noche, más bien una tarde tranquila de spa, cena y alguna copa.

Sin saber bien cómo, pera de esa forma en que antes siempre pasaba, entraron ya de madrugada en un bar. La cena había ido bien, el spa inmejorable y de golpe aquella atracción hacia la música.

Jugaba una final el Madrid así que la pista estaba vacía, preparada, a punto. Se lanzaron sin pensarlo, bailando como si nadie las viese, como debe ser, como efectivamente era.

Hasta que el agotamiento no hizo mella no fueron conscientes ni hicieron el cálculo, pero tirando un poco de memoria, en base a canciones y fechas de publicación de los singles, se dieron cuenta de que llevaban 12 años sin bailar.

Les pareció una eternidad. Son demasiados años, se dijeron.

De golpe la perspectiva, sus vidas, el cambio. Seguro que habían bailado alguna vez en esos años. Siempre hay una boda, un bautizo, un algo. Pero no bailar de salir y bailar, de amigas en un bar, de tener que irse cuando los tíos que empezaban a llegar tras la celebración de la Copa se ponían pesados.

Mucho tiempo dedicado a otras cosas y sobre todo a otras personas. Mucho tiempo sin tiempo.

Quedaron en repetirlo. Sin fecha exacta.